No era hora de pensar.

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¿Qué demonios hago en este bar de mala muerte?

Hay varias parejas desperdigadas por el lugar, no hay una pista de baile específicamente pero los ritmos pegadizos obligan a todos a bailar en cualquier espacio entre sillas o mesas, no entiendo el por qué si todo se escucha igual, los ritmos son pegajosos, si, hasta enfermizos, pero no hay algo que yo sienta realmente, así que me limito a observar la cadencia uniforme de los movimientos de las parejas.

Hasta que finalmente una de las canciones, o ¿en realidad todas eran una? (porque repito suenan muy similares), y comienza a sonar por los altavoces una melodía de saxofón embriagadora, rítmica, candente evoca al misterio y la sensualidad, balanceo mi cabeza mientras aquellos viejos amigos de la escuela se comparten un cigarrillo que estoy seguro que no es de tabaco, ¿por qué acepte venir a esta reunión? Si para ser realistas ni siquiera somos amigos, somos conocidos.

Y viéndolos drogarse, quizás ni lo último.

Claro, porque todos, Emma, Sarah, mi mamá, Luke, Chris, juran que me he vuelto un ermitaño que no hace más que trabajar cuyo único contacto emocional es con Bobby.

Y claro que acepte la invitación de mis ex-compañeros, en un ataque de necedad, deseando llevarles la contraria inmaduramente.

Gran error; en que lío me metí.

A lo lejos, logro divisar a una mujer que se levanta de su silla, con una copa en la mano, de vino, cantonea sus caderas en forma de un pseudo-baile al ritmo del saxofón, evidentemente no es una erudita de la danza pero parece sentir la melodía y disfrutarla, da una vuelta y por un segundo alcanzo a percibir que suelta pequeñas risillas.

No es muy alta, bueno probablemente es de las personas más bajitas en el bar, pero tiene unas bellas y proporcionales caderas, que resaltan con sus movimientos y se evidencian con esa falda de flequillos que lleva puesta

¿Aún se usan las faldas de flequillos?

Me encantan las faldas de flequillos.

Son rojos. Como su labial.

Sus piernas son preciosas.
No son largas de modelo, pero están tan bien torneadas.

Da una vuelta más y parece marearse, da un largo sorbo a su copa y al levantar la vista nuestras miradas se encuentran.

Me cuesta pasar saliva.

Es bonita de una manera... diferente.

Admito por siglos (o así se siente) haberme sentido atraído por el mismo tipo de físico, características cliché, facciones típicas europeas y melenas rubias o rojizas.

La suya es castaña y ésta ligeramente enmarañada. Enmarcando perfectamente su rostro.

Sé que la he mirado por más tiempo del que debía porque ella arquea la ceja y tuerce la comisura derecha en una sonrisa burlona, al tiempo en que se lleva la copa a los labios nuevamente, sin dejar de mirarme, con escasos pestañeos.

Pero es que... sus labios son gruesos, no de la manera en que intuyes que se ha inyectado, no, sus ojos son grandes, sus cejas pobladas, tiene un hoyuelo, al menos del lado que sonríe, su nariz es hasta un poco infantil al no estar tan perfilada, su bronceado es exquisito.

Entonces se recarga ligeramente contra la mesa.

No despegamos la mirada del otro.

Hasta que detrás de mi alguien golpea la mesa.

Y entonces percibo que, no sé en qué momento, comencé a alejarme y caminar hacia ella por lo que la mesa de mis "amigos" ahora se encuentra a mis espalda.

Un amorío de verano [T.H]Stories to obsess over. Discover now