Medicina

12 1 0
                                        

Sus dedos recorrían las cuerdas del laúd con destreza, tocando una canción de cuna cuya letra no recordaba ya, pero cuya melodía permanecía adherida a su mente y a su corazón, como una espina hiriente aunque reconfortante. Wynn sólo escuchaba, porque sus ojos estaban cerrados y ella estaba muy cansada para mirarlo; había sólo dos criaturas en las que confiaba cuando todo lo demás fallaba: el draco Oni, y el humano Eidan, que solía aliviar sus suplicios con cálidas canciones de cuna, siempre con cierta expresión de melancolía.

-Sé que no te gusta tocar esa canción...- ella le susurró, extendiendo la mano para que él dejara de tocar el laúd, Eidan tomó delicadamente la mano de Wynn y plantó un beso, suave como una pluma.

-Pero es una de tus favoritas- le respondió él, condescendiente.

-Mi canción favorita es el silencio, Eidan- La chica cerró los ojos de nuevo y trató de acurrucarse más con tal de mitigar el frío, se quejó silenciosamente cuando sintió de nuevo las punzadas de dolor en sus músculos.

-Deberías saber que no debes moverte así de bruscamente- Le recordó Eidan mientras hacía una mueca de dolor, recordando la primera vez que la vio morir lentamente, justo frente a sus ojos.

-Aunque no me mueva sigue doliendo, se siente peor saber que no puedo ni siquiera levantarme para buscar medicina que me alivie-

-Permíteme aliviarte, Lovelace...- Jakobs regresó sus manos al Laud y la canción de cuna empezó a sonar de nuevo, entonces los huesos de Wynn dejaban de doler y podía dormir tranquila, aunque el dolor desapareciendo fuera sólo una ilusión y sus padecimientos fueran ciertos, sentía genuina paz y afecto cuando él sacrificaba preciadas horas de sueño por mantenerla aliviada, de alguna manera, sentía posible que Eidan realmente se preocupara por ella.

MedicinaWhere stories live. Discover now