EPIFANÍA DEL SUSURRO INMANENTE

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LO INVISIBLE

Rompe en el verso y no en el llanto estéril,
escribe el mito que al Olimpo asombre;
no busques ser un santo ni un febril,
sé la raíz que eterniza el nombre.

Traza la ruta con tu mano inquieta,
mapas de luz donde el espíritu arde;
que en la distancia de este azul planeta
no sea tu esencia la que llegue tarde.

Halla en el mundo la sagrada herida,
esa armonía que el silencio guía;
busca la voz que encienda nuestra vida
con el incendio de su profecía.

Descubre al fin las líricas furiosas
 que el universo en su cristal borda;
líneas de estrellas, notas misteriosas
donde la muerte se arrodilla sorda.

¡Qué arquitectura tienen hoy tus manos!
templos de carne que el espacio trazan;
 buscan los versos que son más humanos
 y en sus columnas al cosmos abrazan.

Es tu presencia religión de cielo,
 pan de infinito que mi copa llena;
no dejes que el tiempo cubra con su velo
la marea de luz que el alma ordena.

No habrá palabras para hablar del beso,
seremos trigo, vibración y río;
nuestras manos recorren el exceso
de un labio que es el fin de todo frío.

El alma entrega lo que el ojo ignora,
venciendo abismos de un saber profundo;
donde la esencia, que al final no llora,
es el silencio que sostiene al mundo.

Que tu palabra sea el rayo y la herida,
 el sol de gloria que nace de tu muerte;
que en la batalla de esta breve vida
 seas el astro que gobierne su suerte.

Que seas la paz de la montaña pura,
la huella eterna en la extensión divina;
 que tu alma sea la mayor altura
donde el dolor en luz se transfigura.

Vuela en la sombra con el ala abierta,
bebe el misterio de la noche anciana;
que cuando el sueño de la vida muerta
despierte al fin en su luz soberana.


PERÍNCLITA EPIFANÍA DE LA LUNA

Luna hálito de mi ser, mi eucaristía,donde el cronos suspende su vigilia;en tu candor mi báculo se guía,tu hontanar de luz me domicilia.Eres la fe, la mística alegríaque a mi estirpe cansada reconcilia;brote de raíz, tierno y fecundo,eje de mi perínclito segundo.


Contemplo tu eclosión, alba encendida,en el grácil estrépito del paso;buscas mi mano, trémula y herida,huyendo de la sombra y del ocaso.Luz ignota, mesa compartida,cerco prolijo que nos da el abrazo;donde mi herencia queda redimida,

y la angustia del tiempo, suspendida.

Yaces en inmanencia e indefensasurcando un onirismo de inocencia;mi fe sobre tu abrigo se condensamidiendo tu latido y tu existencia.Si el frío del orbe tu paz prensaseré estantigua, fuego y persistencia;puerto seguro, cauce de tu río,

abrigo fiel ante el glacial baldío.

Cuando el destino exija su derecho,y mi faz se torne en la memoria;guarda este amor, lábil bajo el pecho, como la única y verdadera gloria.No busques en el mármol mi provecho,sino en tu propia y lúcida victoria;yo viviré en tu risa, luna mía,

bajo la luz de tu epifanía.

Bajo el influjo astral de mi desvelo,donde la voz su nitidez publica,busco en el cénit de ese plateado cielola luz que en tu mirada se duplica. Es ella mi asidero y mi consuelo,el fuego que mi numen santifica;mi musa, mi hontanar y mi fortuna,

es el reflejo eterno de la luna. 


¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo? De la imaginación solo una parte
¿Quién soy yo?  de la fantasía, un pequeño universo,
¿Quién soy yo? de la punzante tristeza la larga melancolía,
o a lo mejor del poema solo un verso.

¿Quién soy yo? Escucho al azar en mi mente
cada vez que me quedo solo en silencio,
¿Quién soy yo? Y mi hipocresía de nuevo miente,
 parte de la existencia que solo yo presencio.

¿Quién soy yo? Quizás solo una abstracción de la nada,
un átomo de fantasía suspendido en el vacío.
¿Quién soy yo? Me pregunto si mi palabra es amada
en tu sutil repetir y recitar de mi crudo verso

¿Quién soy yo? He convertido mis llagas en espada sonora. Las notas de todos los susurrantes sonidos oídos ¿Quién soy yo? resuena en una ardiente y sentida gota lagrimas raspadas y dolorosas de los días vividos

¿Quién soy yo? Se repite en cada crepúsculo que veo,
¿Quién soy yo? Tal vez el fantasma de un atardecer,
tal vez de millones de pensamientos un solo deseo,
o solo una lejana y tibia luz en el amanecer.

¿Quién soy yo? Pregunto aquí y ahora,
no hay duda que sobre la materia existo,
que a pesar de que mi alma a veces llora,
los golpes de la vida a escudo de versos los resisto.

¿Y quién soy yo? Pues el destino dará la respuesta,
respuesta que durante mi vida no podré descubrir,
que en mi futura muerte tal vez despierta,
la verdad  de alguien que mis palabras ha de sentir.

Soy la pregunta que siempre queda abierta,
el eco de un alma que anhela renunciar a morir.
¿Y quién soy yo? suena en mi cabeza alerta
Del ahogado legado que en silencio busca sobrevivir


Legado de una Sonrisa

Abrigo de mi espíritu, eres alabanza,
en tu presencia el tiempo se detiene;
el aura de tu ser, mi fe sostiene
mientras mi vida en tu candor descansa. 

Eres un destino que comienza
con hilos de mi sangre y de mi historia;
grabada dejas hoy en mi memoria
la huella de un gran amor y de paciencia. 

No quiere, mi alma verse separada
de tu brío de estrella y de tu aliento,
tierno brote de mi raíz cansada.
Que mi clamar no sea solo un viento,
sino la prueba clara y evidenciada
de que en tu vida habita mi cimiento. 

Te miro despertar, luz de mi vida,
en el pequeño estruendo de tu paso;
buscas mi mano, huyendo del ocaso,
con la caricia dulce y dormida. 

Un zapato en el suelo, la comida,
tu risa que me rompe el pecho en pedazos;
el mundo es solo el cerco de tus abrazos
donde mi herencia queda bendecida. 

No pido al cielo glorias ni tesoros,
solo este instante eterno de lo diario,
tu voz que nombra todos mis decoros.
Que el tiempo sea un río estático y primario,
y al ver que creces, entre mis añoros,
seas una hermosa luz y yo tu santuario.

Al dormir te quedas indefensa en la cama,
navegando en un sueño de inocencia;
cada segundo mido tu latido y tu existencia
como el que cuida una sagrada llama.

¡Qué poco peso tiene quien más ama!
¡Qué inmenso es el temor a tu distancia!
Me rindo ante el altar de tu fragancia
mientras mi sueño, tu futuro aclama.

Si el mundo te lastima con su frío,
seré la manta, el fuego y la madera,
tu puerto seguro, tu propio río.
Y si un día me falta la carrera,
busca en tu pecho todo el amor mío,
que allí estaré, aunque el mundo no me quiera. 

Cuando el tiempo reclame mi derecho,
y ya no sea más que una memoria;
guarda este amor ardiendo bajo el pecho
como la única y verdadera gloria. 

No busques en el mármol mi victoria,
búscame en tu propia mirada decidida;
que fui solo el puente para que tu vida
escriba su más bella y libre historia.

Sé el rosal que en mi sombra florecía,
vuela tan alto que el dolor de la vida se olvide,
con la herencia de mi alma ya cumplida.
Que cuando el sol de un nuevo paso te cuide,
y verás que el amor nunca se despide
yo viviré siempre en tu risa, hija mía. 


PoemasWhere stories live. Discover now