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Capítulo 1

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Me despierto un poco desorientada. Todavía no me acostumbro a dormir en mi habitación y, por más ridículo que parezca, hasta extraño aquella habitación que compartía con dieciséis personas. Después de desayunar con mi madre, me lavo los dientes y me visto. Hoy he quedado con Vicente para hablar.

Desde que salí de la Academia nada es igual. Mi mayor miedo al entrar a Ot se hizo realidad, yo ya no sentía lo mismo por Vicente y no sabía por qué. O igual alguna idea me hacía.

- Ya nada es igual - le digo a la persona que está sentada al lado mío en mi cama

- ¿y eso de quién es la culpa? – escupe

¿Acaso estaba insinuando que era culpa mía?¿ Qué culpa tengo si estos meses allí dentro me han cambiado como persona? Yo siempre quise mucho a Vicente, jo, es mi mejor amigo y le tengo mucho cariño pero, hace semanas que estamos intentado solucionar algo que sabemos que no tiene arreglo.

- Nadie tiene la culpa, Vicente. – le digo mirándolo seriamente – simplemente las cosas cambiaron. Yo te aprecio mucho y lo sabes pero estaría mintiendo tanto a ti como a mí si dijera que mis sentimientos por ti siguen intactos.

Veo como suspira y al mismo tiempo veo la rabia que acumula

- El rata ese tiene la culpa – susurra, pero yo lo escuché claro

- ¿Qué has dicho?

Vicente me mira como diciendo "ya sabes a quién me refiero". Y sí, sabía perfectamente que estaba hablando de Cepeda.

- Cepeda no tiene la culpa de que tú y yo ya no funcionemos, y me parece que estás siendo muy inmaduro al insultarlo. – le digo mientras me levanto de la cama para pararme frente a él

- Inmaduro será él, que se quiere enrrollar con una niña de 18 años – dice, también levantándose y poniéndose de pie

- Vete – escupo

Quería terminar bien nuestra relación, pero no puedo soportar que hable así de mí y de Luis.

- No llores cuando se aburra de ti, no vuelvas corriendo a mí cuando se dé cuenta que sólo eres una niñata


Con eso se fue de mi habitación, de mi casa y de mi vida.


He quedado con Ana, Luis y Roi para tomar unas cervezas en el piso de Luis. He tenido que viajar a Madrid unos días para dar unas entrevistas y resulta que hemos coincidido los cuatro. Los extraño mucho, no los veo hace como dos semanas. Y eso para mí es demasiado.

He oído que Luis ya no está con su novia. Me lo ha contado Ana y sinceramente me sorprendí cuando me lo dijo. No me sorprendí porque lo hayan dejado sino porque cuando me lo dijo Ana sentí algo que no debería haber sentido. Estoy muy confundida últimamente y sinceramente me da miedo que tanto Luis como yo ya no tengamos pareja. No soy tonta, sé que él es diez años mayor y jamás se fijaría en mí de otra forma que no sea como una hermana pequeña. Pero a veces me encuentro pensando en todos esos momentos en la Academia. En los besos en el flequillo, en sus abrazos, en sus miradas. Y no puedo evitar preguntarme si no hay algo más.

Me pongo un top negro y unos pantalones sueltos blancos y me dirijo desde mi hotel en Madrid hacia el piso de Luis. No sé por qué pero al tocar la puerta me siento muy nerviosa de repente. Segundos después se abre la puerta y allí está.

Narra Cepeda

Abro la puerta y la veo. Qué guapa está. Mi opinión no es muy objetiva la verdad, la recuerdo recién levantada con el flequillo despeinado y los ojos achinados en la Academia y no puedo evitar sonreír porque aún así me parecía la mujer más guapa que haya visto jamás.

- ¡Luisín! – dice la niña que ha cambiado mi forma de ver las cosas antes de abrazarme y esconder su cabeza en mi pecho. La abrazo mientras le doy un par de besos en la cabeza y luego nos separamos

- Joder, te he echado de menos – le suelto

Al principio parece sorprendida. Los dos sabemos el cariño que nos tenemos y lo mucho que nos queremos, pero somos más de pequeños gestos que de palabras.

- Yo también – me dice con una sonrisa que, si pudiera, quisiera ver toda mi vida

Cierro la puerta tras ella y la observo mientras saluda a Ana y Roi. Los dos la abrazan fuerte y luego toman asiento en el sillón de la sala que está frente a una pequeña televisión. Aunque en realidad no la use demasiado.

Desde la cocina grito

- Aitana, ¿te llevo una cerveza?

Ella se gira y grita un "¡Sí, porfa!" de respuesta. Abro una y camino hacia la sala antes de entregársela

- Gracias Luis – me dice con esa vocecita de niña que en pocos meses se ha convertido en uno de mis sonidos favoritos.

Aitana está sentada en un extremo del sillón y Roi está entre ella y Ana. Yo me siento en una silla en frente del sillón cerca de ella. Nos veo a todos sentados, riendo con una cerveza en la mano y no puedo evitar pensar lo feliz que me siento. Tengo a mis dos mejores amigos y a ella. Ella, la razón por la que paso noches sin poder dormir. La razón por la cual no paro de escribir melodías y letras que no hacen más que gritar su nombre. La razón por la cual estoy perdiendo la cabeza, y ya ni sé si quiero encontrarla. 

Vas a QuedarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora