Hace miles de años el planeta LeFvre fue invadido por una fuerza maligna que tenía planeado terminar con cada rincón de este, para fortuna de las personas habitantes de aquel planeta una extraña raza fue capaz de evitar aquello pero, ¿qué era lo que pedían a cambio de protección? sencillo, que les dejaran habitar aquel lugar sin restricción alguna. Para todos parecía un trato justo, y sin dudarlo ni un segundo, aceptaron. Sin saber las consecuencias que tendrían en el futuro.
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Pasaron los años y la población en aquel planeta parecía haber disminuido, la presencia de aquellos seres oscuros aterrorizaban hasta el hombre más valiente. Las personas optaban por no salir de sus hogares, ocultarse en aquellos fríos sótanos mientras otros preferían arriesgar sus vidas y seguir con sus rutinas diarias.
Habían pasado de generación en generación y los seres -de los cuales desconocian su procedencia- abundaban, solían encontrarlos en cada esquina a medida que caminaban, pero pocos vivían para contarlo. El rostro de estos seres podía ser tan hermoso que dejaban cautivado a todo aquel que le observara, así teniendo -sin necesidad de esforzarse- ; la cena de esa noche.
Para nadie era un secreto que todas las noches, un grupo de personas se reunía para acabar con lo que ellos llamaban vampiros, se equipaban con trozos de madera pulidos perfectamente hasta formar una daga, con trozos de un material difícil de conseguir como era el hierro, dispuestos a asesinar. El grupo caminaba kilómetros acabando con cada ser que se atravesara por su camino, sin importar que se tratara de una vida humana. Así como todos temían a los seres oscuros, también temían a su propia especie, los humanos podían llegar a ser tan despiadados y crueles hasta llegar a acabar los unos con los otros.
Este grupo de cazadores era conformado por siete integrantes que fueron educados desde su infancia solo para asesinar a los invasores del planeta. Todo aquel que conocía sus nombres y su procedencia, aseguraban que eran personas tan frías que no sentían compasión ni por si mismos.
"Bienvenidos, esta noche cada uno de ustedes demostrará ser un verdadero hombre. Capaces de defender a sus familias y a su pueblo contra las atrocidades que invaden nuestra tranquilidad. Seremos bendecidos bajo el manto de los dioses y ellos nos otorgarán la fuerza necesaria para defender con honor nuestras vidas." Aquellas palabras fueron todo lo necesario para que todos levantaran sus cuencas repletas de bebida de cebada en signo de celebración, para los hombres pertenecientes a aquel clan era todo un orgullo poder cumplir a su lider y venerar a sus dioses. "Reunidos haremos que nuestros dioses nos brinden sus manos y nos llenen de su poder. En nombre del dios del fuego y la diosa del agua, y siendo yo Bill de Bennedit bajo el nombre de mi sagrada familia declaro esta noche Luna Consagrada, ¡salud!" Cada persona sentada en aquellos húmedos troncos de árbol bebieron de sus cuencas, sin tener idea de lo que les esperaba.
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A medida que su padre le hablaba sobre la importancia de aquella noche, el joven de cabello castaño y ondulado bostezaba mostrando sin ningún recelo el poco interés que tenía en la conversación. Si era sincero todo aquello no le parecían más que patrañas, cosas sin sentido que las personas inventaron para privarlos de vivir en completa tranquilidad. Jamás había visto alguno de esos vampiros y por ende no creería hasta ver alguno, cada mañana salía a trabajar y regresaba tarde de la noche, nunca sintió la presencia de aquello a lo que tanto temían y su padre solo exageraba con esas historias.
"Padre, siento interrumpir su charla pero mi descanso terminó y necesito regresar a mis labores." El joven comenzó a caminar nuevamente a aquella solitaria cafetería que solía tener mínimos clientes al día, ni siquiera entendía como lograban mantenerse aún en pie cuando las ganancias eran deficientes. Las horas pasaron y su turno había terminado, salió de aquel lugar comenzando a caminar hacia su hogar pero antes quería relajarse un poco, tal como lo hacía cada noche; sentado en las bancas del parque, la suave brisa movía de forma mínima sus rizos pero lograba que su piel se erizara -o tal vez era a causa de otra presencia-. Sin pensarlo estuvo en aquel lugar durante horas, hasta que el sol se hizo presente, no supo en que momento cayó plácidamente dormido pero ahora solo le interesaba llegar a casa, así que emprendió camino hacia esta sin notar aquello que lo observaba. Bastaron unas cuantas cuadras hasta llegar a su destino, encontrándose allí una grata sorpresa, que dibujo una gran sonrisa en su rostro. Aquella persona que tanto admiraba, por su valentía y actitud frente a todo lo que pasara. "Bill, creí que no vendrías este día. Supe que te eligieron como lider en esas cosas ridículas de los cazadores." Las palabras del rizado causaron cierto recelo en el cazador, provocando que una mueca de desagrado se formara en su rostro.
"Forzy no he venido para escuchar tus tonterías. Tengo el deber de avisar a todo el pueblo lo sucedido, quise empezar por ustedes. Han aumentado, tanto en cantidad como en su fuerza, se volvieron aún más peligrosos. Las personas creen que han utilizado magia oscura. Hemos pasado años ocultandonos pero a llegado el momento, recen a los dioses por su misericordia." La sensación que recorrió el cuerpo de los padres del joven fue estremecedora, ambos lo entendían y a diferencia del rizado, sabían que aquello a lo que tanto temían finalmente se hacia presente.
La guerra se había desatado.
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Invadidos.
FanfictionLeFvre, aquel planeta invadido por fuerzas sobrenaturales que amenazan la vida del ser humano. Una lucha constante en la que solo aquel que no teme, triunfará. ¿Quién lo logrará?
