Capitulo 1: Rayos y Truenos

20 0 2
                                        

El rayo golpeó una vez. El corazón de Ander se aceleró. No tendria que haber traído la moto un dia como este, pensó. Su chófer se lo habia advertido pero él no lo habia escuchado.
Bajó de la motocicleta y la llevó hacia un puesto de diarios que estaba cerrado. No había ni un alma en la calle. Ni debía preoparse de que le robaran. Ni los ladrones saldrían a la calle en una noche asi.
Escuchó una puerta abrirse, miró a su izquierda pero solo pudo observar un paraguas púrpura, que se acercaba hacia él.

- Señor - dijo una voz suave pero imponente - no debería estar afuera con este tiempo.

No me digas, pensó, pero no lo dijo.

- ¿Quiere pasar? - ofreció.

Ander frunció el ceño. Una completa extraña le ofrecia a otro extraño entrar a su casa. Podria ser una loca. O una asesina como Misery. Que pasaba si... Un trueno irrumpió sus pensamientos. Comenzó a llover más fuerte.

- De acuerdo - dijo finalmente.

Subió las escaleras que habia antes de la entrada con la mujer detrás de él. Aun ni siquiera le había visto el rostro.
Sin pedirle permiso ella lo empujo levemente con el codo y abrió.
Un olor a sahumerios inundó su nariz. Extrañamente le agradó.

Se dio la vuelta y cuando ella bajó el paraguas y lo puso en el canasto por fin la vio. Se quedó sin palabras. No era lo que esperaba.
La desconocida era una mujer pequeña y delgada de cabello rizado negro y piel oscura como el ébano. Estaba vestida con una falda larga verde con vuelos y una blusa blanca ajustada.
Sus ojos negros se clavaron en los de él.

- Eres joven - dijo ella simplemente, ya dejando de tratarlo de usted.

- Tú también.

Se miraron un momento hasta que, incómodo, Ander desvío la mirada. Aprovecho para observar el lugar. Practicamente todo era de maderas. No era grande como el piso que él tenia, con pisos de mármol y paredes de granito. Pero era... Agradable. Cálido y acogedor.

Se dio la vuelta y la encontró mirando con curiosidad. Entonces se percato de que no se habían presentado.

- ¿Como te llamas? - preguntó.

- No le digo mi nombre a cualquiera.

- ¿Pero si dejas que cualquiera entre a tu casa?

Ella se encogió de hombros. Sonriendo como si nada pasó por su lado dejando una estela de perfume que lo sedujo un poco.

- ¿Quieres café o té?

Diablos ¿Va a envenenarme?

- Nada, gracias.

- No voy a intentar matarte, si eso es lo que piensas - asomó su cabeza desde la cocina - a menos que intentes matarme a mi.

Un escalofrío le recorrió la columna.

- No haré nada. Lo prometo.

- Puedes ver como preparo el té, si quieres. Asi veras que no le pongo cianuro o veneno para ratas.

Caminó lentamente hacia ella, como un ciervo, como una presa hacia un animal desconocido pero salvaje.
Sus borcegos negros hacían demasiado ruido en el piso de madera.

- Prefiero café, si no te importa.

Ella no le contestó, simplemente comenzó a hacerlo. Ander se preguntó por qué no le coqueteaba como lo hacia la mayoria de las mujeres. No es que le importara esa extraña pero, ¿acaso no lo veia atractivo? Lo era.
El cabello castaño y los ojos verdes azulados heredados de su madre siempre eran factores a favor.

La chica termino de hace el café y lo guió de nuevo hacia la sala de madera, dónde habia una pequeña chimenea con leños.

- Y bien, ¿de donde eres? - preguntó ella sentándose en el sofá, mientras le daba la taza de café humeante. - No debes ser de por aquí - dicho eso lo miró de arriba a abajo, como analizando su ropa con interés. Pero no era el interés que el esperaba.

Claro que no era de por ahí, ese barrio era mas bien pobre y él, era de clase alta.

Dudó un momento sobre decirle aquella mujer de donde era.

- Vivo al otro lado - contestó simplemente.

La joven asintió.

- Ya veo, sin nombres, sin direcciones.
Me parece justo.

- ¿Puedo preguntar por que no quieres decirme tu nombre?

- Crearia un lazo. Si te digo mi nombre y me dices el tuyo estableceriamos un vinculo que no quiero crear entre nosotros.

- No creería en esas tonterías - eso salió sin pensar.

Sin embargo no se vio molesta.

- Claro que si. El hecho de que no creas en algo no lo hace menos real porque tu pienses que no es asi. Es como si yo negara la existencia Dios pese a tener mis propios dioses y mi propia religión. No creo en él, pero lo respeto.

Sus palabras lo dejaron sin más que decir. Era claro que pese a su edad tenia algo de sabiduría.

- ¿Puedo preguntar que religión practicas? ¿O esl crearia un vinculo?

- Wicca - dijo simplemente.

- Ah - asintió. No tenia idea que era eso. Pero no quería quedar como un idiota.

Bebió un sorbo de café. Estaba muy caliente. La morena ocultó una sonrisa. Seguro había notado que sus mejillas se pusieron rojas por el calor. Si. Ya habia quedado como un idiota.

Estuvieron en un silencio extrañamente cómodo unos minutos mientras tomaban café. Casi pareciera que se conocían. Si alguien mas entraba a esa habitación no notaria tensión, es mas, pensaría que son viejos amigos pasando el rato.

- Creo que ya deberia irme. Ya no llueve - dijo él, parandose de repente. Esta cercania se estaba volviendo rara para él.

- Bueno - contestó simplemente la morena.

Cuando llegaron a la puerta Ander se dio la vuelta. Estaba cerca, demasiado para dos desconocidos. No habia notado lo hermosa que era.

- ¿Aun no vas a decirme tu nombre, Wiccana?

Ella se limitó a sonreír, aunque la sonrisa no parecía genuina, mas bien forzoza.

- No. Lo siento. Aún asi creo lo sabrás mas adelante.

Ander inclinó la cabeza hacia un lado, confundido.

- ¿Que?

- Verás - dijo ella mirando detrás de él, hacia la nada - Tengo el presentimiento de que nos volveremos a ver.
- Sus ojos volvieron a encontrarse con el confundido rostro del muchacho - Fue bueno tener una visita. Gracias.

Y con eso cerro la puerta roja frente a él.

Que mujer mas extraña.

Bajo rapidamente las escaleras, se dirigió a su moto, se colocó el casco y aceleró. Evito mirar hacia atras para ver si la chica estaba observandolo desde la ventana. Una parte de él casi deseaba que asi fuera.

La última BrujaDes histoires addictives. Découvrez maintenant