Parte 1

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Su respiración chocaba contra el cristal, empañándolo con su aliento cada vez que intentaba contener un jadeo, le era difícil, demasiado, en especial cuando la mujer movía su cadera hacia adelante cuando quería sumergir sus dedos de manera más profunda sobre su sexo, cada vez que la contraria arqueaba su espalda ella lo hacía, estando en una perfecta sincronización, pero nunca dejaba de apoyar sus manos en la ventana, necesitaba hacerlo sino perdería el equilibrio, estuvo apunto de hacerlo cuando la mayor sujeto con la diestra su seno, jugueteando con este al mismo ritmo en los que sus dedos le penetraban, dando pequeñas contracciones y chocando su desnudez contra la ventana, la mayoría del tiempo mantenía sus ojos cerrados para enfocar más su sentido del tacto, sin embargo cuando llegaba a abrirlos lo que miraba era hermoso, veía en lo alto, por encima de sus cabezas un cielo nocturno, con una inmensidad de estrellas decorando su oscuridad, iluminando con su presencia. . . Así es como se sentía en esos momentos.

Al momento en que volvió a juntar sus párpados sintió como si se sumergiese, en un cálido líquido que no podría ser agua, éste tenía una consistencia más gelatinosa, como si cada vez que se hundiera más el líquido la abrazara, envolviéndola de pies a cabeza en su húmeda calidez. Luego pudo sentirlo, cuando la mayor le respiró en la nuca, una chispa que inició en su tálamo y qué recorrió hasta la punta de los pies, erizando todo Bello en su paso, su corazón bombeaba con fuerza, sentía que se le saldría el pecho en cualquier momento, el palpitar resonaba en sus oídos como tambores que marcaban una marcha, tenía constantes espasmos musculares, cuando su sexo era estimulado se doblegaba, haciendo su cadera hacia atrás y cuando la nodriza jugaba con su seno sentía como la punta de éste se ponía rígido, debió de notarlo la contraria ya que al minuto . La mujer ya estaba jugando ahora con la punta. Aplastándolo un poco, lo suficiente para que quisiera escapar un gemido, provocando que mordiera su labio inferior, no podia gemir tan alto. La fémina superior, acerco sus labios al seno, moviendo éste con suavidad para poder besarlo desde la posición en la que se encontraba, dejando besos humedos al rededor del iris del mismo, en su camino, mordia con suavidad.

Algo que sonó más alto que su corazón fue el siseo de la contraria cuando sus jadeos aumentaron sonoramente, se vio obligada a apartar una mano de la ventana para llevársela a la boca y así silenciarse a sí misma, no le molestó aquello, entendía muy bien el porqué tenía que hacerlo. Fuera de ese cuarto en lo alto del monasterio, había un largo pasillo al aire libre, con unas barreras de arcilla calcinada a la altura de la cintura, tan largo el pasillo que podrían colocar dieciséis caballos en fila india, pero cuando volvía a estar techado entonces se encontrarían con una serie de puertas, todas cerradas y con un crucifijo encima de ellas, cada puerta resguardaba una habitación con mínimo cuatro monjas o hermanas durmiendo plácidamente sobre sus camas, es por eso que tenían que hacerlo a altas horas de la noche y es por eso que no podrían permitirse el hacer tanto ruido para no despertarlas porque de ser así sin duda alguna recibirían un castigo, un castigo que solo Dios debería dar.

La manera en la que liberaba lo que sentía fue mediante unas cuantas lágrimas que escurrían sobre su suave y clara piel, no lagrimeaba por dolor o por vergüenza, estos eran sentimientos que nunca los usaría para describir lo que siente. A su lado solo siente compasión, ternura, calidez, esperanza, fortaleza, amor . . . Un amor que iba más allá de lo correcto, del bien y el mal, un amor que podría sacudir su mundo por completo, haciéndole dar vueltas y vueltas, sabiendo que al final cuando éste apuntó de caerse pueda sostenerse de Rosaline, su nodriza, su maestra de ética y de vida, su guía, su compañera, su amada, su amante. De nuevo, sentía que se desvanecía, como cada vez que se encerraban en el cuarto, recordaba las veces pasadas y como siempre sentía que tocaba las estrellas cuando la mayor le respiraba en el cuello, cuando apretaba su seno rígido, cuando sus dedos llegaban hasta adentro y el pulgar acariciaba su clitoris. En ese momento cuando sus piernas temblaban con más fuerza y su sexo se humedecía a tal grado que la mano ajena terminaba empapaba.

Porque solo ella, solo Rosaline sabe como y donde tocar para hacerla llegar a un orgasmo que ningún hombre o mujer en la tierra sería capaz de hacerlo, y sobretodo, el único nombre que podría salir de sus húmedos besos era, es y será siempre.

— Elizabeth .

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⏰ Last updated: Oct 02, 2019 ⏰

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