¿Es él?

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Cinco años. Era bastante tiempo.

¿Realmente había pasado tanto?

¿Cuando?

Aunque pensándolo mejor, había parecido más tiempo. Era doloroso el solo recordar.

En esos años transcurridos, Seto Kaiba había crecido tanto física como mentalmente. Ahora se alzaba al mundo como un joven atractivo e inteligente, que sabía lo que quería y cuando lo quería. Dueño de una de las corporaciones más poderosas en el mundo.

Un hombre poderoso.

Yuugi había crecido también, ahora se asemejaba en apariencia al otro Yuugi. Claro que Seto sabía que no era lo mismo.

Lo más notorio eran sus ojos... esos ojos delataban al impostor. Hacía tiempo se había dado cuenta del extraño magnetismo que lo ataba al otro Yuugi, no era únicamente la rivalidad y el deseo de ganar a toda costa... no. Aunque estas razones tenían gran peso, se sentía atraído hacia el  arrogante otro Yuugi, que siempre lo hacía querer mejorar.

Se sentía como un fracasado, no pudo adivinarlo o aceptar el hecho hasta poco después de que el otro Yuugi hubiera partido. Y había cargado con ello todos estos años. Un amor que dolía, no podía saber cuál hubiera sido el resultado de haberlo descubierto antes. Bien podría haber rechazado sus avances... pero también podría haberlos aceptado.

La incertidumbre. Era lo peor para él.

No había podido olvidar a aquel de ojos rubí, no había nadie como él. Y nadie podría remplazarlo.

Nunca.
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Y de nuevo se encontraba en una tediosa reunión en el extranjero, con ancianos que no sabían que el mundo estaba cambiando.

Seto se estiró en la silla mientras miraba con aburrimiento al anciano que tenía hablando más de una hora sobre el dinero que ganarían de invertir en su compañía.

"Bien. Hemos escuchado suficiente. Mejor deja que tomen una decisión y se comuniquen contigo." Un hombre mayor, de los más sensatos en esa mesa fue el que paró el eterno discurso del otro.

"Además se me hace tarde y mi hijo debe estar esperando." Levantándose de un brinco, un movimiento demasiado ágil para su edad y salió de la sala de juntas.

Seto por su lado, tan pronto como salió el hombre, se puso de pie y siguió su ejemplo. Todos lo demás se quedaron unos minutos más discutiendo algunos otros asuntos que poca importancia tenían para él.

En el ascensor se encontraba el hombre cuyo nombre no recordaba, aunque sabía su apellido, Sennen, igual que su corporación. El hombre detuvo el ascensor para Seto, a pesar de que había salido con tanta prisa.

"Gracias" era lo menos que se merecía el hombre después de haberlo  librado de aquellos ancianos por el resto de la tarde.

"Oh, no ha sido nada Jovencito." Una risa agradable salió del hombre acompañada de una mirada cálida. Su hijo tenía suerte.

"¿Esta vez también te acompaña tu hermano pequeño?" Era sabido por todos que Mokuba iba a todos lados con él. Aunque esta vez había decidido quedarse a pasar tiempo con su novia.

" Esta vez no." No tenía porque contestar, pero ese hombre siempre le había despertado cierta simpatía, desde que se enteró de su hijo y su esposa, su hijo había estado más de un año en coma inexplicablemente. Mientras que su esposa había muerto años antes.

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