Cuando te fuiste, te diste la vuelta sin darme ni un beso.
Te llevabas en el bolsillo el último pedacito de corazón que me quedaba, y ni siquiera te importó.
Siempre creí en él para siempre, hasta que el cielo se me hizo demasiado grande.
Tan grande, que ya ni tus ojos con los míos podían contar todas las estrellas que nacían cada noche en mi ventana.
Noches que se hicieron eternas sin tu abrazo protector.
Por suerte y desgraciadamente sobreviví a mi primer desamor.
Entendí que todo se termina, y la idea del infinito desapareció tus recuerdos cada día un poquito más.
Después de un tiempo me encontré riendo de nuevo, sin querer descubrí que adentro mío estaba intacto el corazón, que nunca te habías llevado nada
Y así, y cada vez más, pude sobrevivir a las noches de estrellas,
A las ventanas abiertas,
A todo, lo que alguna vez,
Me recordó a vos.
