Anna

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Dice mamá que no importa el lugar en que vivamos, que mientras ella y yo estemos juntas nada malo nos pasará. Le he prometido no llorar y seguirla a donde me diga. Cumplir con lo que me ordene y hacerle caso en todo. Pero aveces no puedo tomar fuerzas y mis lágrimas salen solas. Ya van cuatro ciudades nuevas a las que nos hemos mudado, cuatro escuelas, varios profesores y distintos compañeros de clases.

De todas las casas por las que hemos pasado la primera fue mi favorita. Ahí te conocí a tí. No quise dejarla y lloré mucho para que así no fuera, pero mamá desesperada y decidida decía que teníamos que marcharnos de ahí lo más pronto posible. En las otras casas no permanecimos más de tres semanas. Cuando ya le estaba agarrando cariño al entorno debía hacer las maletas porque así ella lo quería. Yo intentaba no llorar frente a ella, siempre terminaba haciéndolo en el baño, contaba con tu compañía, sólo tu me consolabas.

Sé que a mamá no le gusta que juegue contigo. Se pone histérica cuando me escucha riendo de las cosas que me dices en nuestro cuarto, pero no puedo evitarlo. En el closet siempre hay un espacio para nosotras, pero ese lugar también lo ha descubierto. Así no podremos estar por mucho tiempo más. 

Esta mañana todo ha sido un poco complicado para mí. Parece que no le agrado a la profesora y tampoco a nuestros compañeros de clases. Se burlan de mí todo el tiempo y tu te has enfadado. Me costará un poco superar las carcajadas de ese niño que se reía de mis gafas, pero ya tu te has encargado de eso, sonríes con placer mientras sacas uno,  luego el otro hasta que lo dejas sin ojos. Mi llanto se apaga en un sollozo mientras te observo comerlos con rabia y placer. El no para de gritar ni su sangre de escurrirse por sus mejillas, a estos límites ya sus lágrimas no alcanzan a verse. Salimos tomadas de la mano del baño donde nos encontrábamos mientras le dejamos tirado en el suelo. — No volverán a hacerte daño. Me prometes mirando mis ojos y agarrando fuerte mi mano. — Solo espero que mamá no se entere de lo que hemos hecho.— Respondo mientras nos dirigimos a los pasillos.

El día termina y nos vamos finalmente de clases. Cuando nos dirigimos al bus todos parecen alborotados y asustados por algo en particular. Observo detrás de mí y vienen a toda prisa varias personas vestidas de blanco y con el chico sin ojos en una camilla. Que ha perdido mucha sangre, gritan todos, que ha muerto, que sus padres no lo saben aún. Me tomas de la mano y me llevas a rastras al bus. Mientras esté contigo todo estará bien. No debió burlarse de mí ese chico. No debió reírse de mis gafas. Esas que tanto te gustan.

Llegamos a casa y ahí está mamá, sentada en el sofá con su vestido de dormir. Mirando algún programa en la TV. Intenta acercarse a mí para besarme pero no se lo permito. Mientras no me deje jugar contigo estaré enfadada con ella. Subo a mi cuarto en lo que me dice que pronto me dará la comida. Pero no quiero comer, sólo deseo jugar contigo a la doctora, nuestro juego preferido.

Mamá no para de gritar mi nombre. Anna. Lo detesto, detesto mi nombre, nuestra nueva casa, la escuela, los profesores y el resto de los niños. Detesto a esta ciudad, y también al gato que mamá dice que me acompañará. Odio a ese maldito gato. Sólo deseo que muera. Al igual que el resto de las personas.

Estamos jugando a la doctora y esta vez me estás examinando la boca, miras mis dientes, los tocas, y también los besas. Susurras algunas palabras prohibidas a mi oído, y la combinación del viento con tu voz hace  que mi cuerpo completo se erice. No paras de hacerme reír. Eres mi mejor amiga, la mejor de todas, la única que me entiende cuando estoy triste y nadie más lo hace.

El gato entra en nuestra habitación y nos quedamos mirándolo fijamente. Una sonrisa perversa se dibuja en nuestros rostros a la misma vez y esto sólo nos pasa cuando se nos ocurren las mismas ideas.—Lo examinaremos a él!; como no se nos ocurrió antes?. Saco la maletita de cosas de doctora que guardo con cuidado para que mamá no descubra. Pues en ella tengo todo tipo de cosas que le he robado del botiquín médico, desde navajas hasta los instrumentos más afilados. Empezamos por inyectarle un fuerte medicamento a nuestro paciente Bigotes; que no para de gritar y aruñarnos, ya se ha buscado varias palizas por eso.  La inyección lo ha dormido por completo. Entonces nos disponemos a abrirlo con nuestra navaja, vas alcanzándome los instrumentos mientras yo le perforo cada parte de su diminuto cuerpo, saco su estómago primero, está en perfecto estado, luego una cosa negra que se llama hígado según nuestro libro de ciencias naturales. Es el mejor libro para doctores que tenemos. Y así voy sacándole todo poco a poco hasta que llegamos al corazón, y este último te lo comes como el manjar más delicioso de todos. Ya estás satisfecha,  ha sido una operación satisfactoria y finalmente no tendremos que lidiar más con este gato estúpido .

Siento pasos que se acercan a nuestra habitación. Estamos dentro del closet con todas mis muñecas y con el gato hecho trizas. Rápidamente hacemos silencio, pues no queremos ser descubiertas por mamá. Pero los pasos se acercan cada vez más hasta que se abren las puertas del clóset que nos protegía. Ya no hay vuelta atrás, nos han encontrado. El piso, toda la ropa y mis juguetes están llenos de sangre. Mamá grita horrorizada, sus gritos sólo te hacen reír. Me para del suelo y me hace llorar con sus palabras hirientes: — Eres el demonio!!!, estas poseída!. Qué le has hecho a nuestro gato?.

Asustada la observo, con paciencia intento explicarle que estábamos jugando a las doctoras. Ella no entiende, histérica me levanta del suelo y me hace ponerme de rodillas detrás de la puerta. Para que pague mi castigo por lo que he hecho. Que no existes, que eres de mentira, no para de repetirlo una y otra vez. Esta vez tú sólo la miras con rabia y ves como me hace llorar. Tu sí existes, y estás conmigo aquí y ahora.

— Mamá es mala; mamá es mala. Mamá no te quiere. Mamá no me quiere.
Todo se ha calmado y mi madre ha recogido todos los desechos de bigotes. Ha limpiado mi cuarto y ha pasado trapos con alcohol por mis manos y mi cuerpo lleno de sangre. Se ha ido a la sala jurando que nos marcharíamos de nuevo de esta casa y que más nunca te volvería a ver. No paro de llorar; — Por qué motivo mamá no me entiende? No podré estar sin ti. Te acercas a donde estoy con el pomo de alcohol con el que me limpiaron y con una caja de fósforos. Creo que entiendo lo que intentas decirme. Pero tendremos que esperar hasta que se duerma.

Finalmente se ha quedado dormida en el sofá. Viendo esa novela en la TV que tanto le gusta. Entonces bajamos cuidadosamente la escalera, y nos acercamos a donde se encuentra recostada. Tú vas guiando mis manos mientras escurro hasta la última gota de alcohol que quedaba en el frasco por todo su cuerpo. Ya está empapada, y no se despierta. Debió quedar cansada de tanto que lloró mientras me reñía. Sólo un poco más, y la alfombra también está llena de alcohol. Me acercas los fósforos y me ayudas a encender uno, lo tomo de tus manos y lo dejo caer encima de mi madre.

En sólo cuestión de segundos; todo arde. El fuego se apodera de su cuerpo haciendo que la tela de su vestido se desintegre con él. No para de gritar, las llamas de su cuerpo ardiendo la han despertado. Asustada intenta correr a todas partes, pero cada lugar al que se mueve arde también. Y yo la observo, y tu sonríes, y ella llora; desesperada. Esta vez el fuego se ha apoderado de toda la sala, la cocina está en llamas, las cortinas,  el suelo y también las fotos mías con mamá que adornaban las paredes. Estoy un poco asustada, pero me calmas en el momento que me tomas de la mano como siempre, me miras a los ojos y me dices: — Te lo prometo, esta vez nadie nos separará.

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⏰ Last updated: Sep 28, 2019 ⏰

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AnnaWhere stories live. Discover now