La ciudad me abrazaba como lo único que representaba en mi corazón: un hogar.
Granada nunca había sido mi destino, echaba de menos el escándalo de la capital y las eternas noches de viernes. Vivir toda mi adolescencia en un pueblo había causado que perdiera mi interés en los lugares que no estuvieran conformados por rascacielos y tráfico.
En un trance cliché frente a la ventana, vestida únicamente con las bragas, el cristal mojado por fuera hacía contraste con mi cálido aliento. Mi respiración chocaba dramáticamente con la superficie transparente por culpa del llanto que atacaba mi garganta.
Todo había sido muy rápido, en un flash de apenas un mes, pasé de estar a punto de comprometerme con lo que creía el amor de mi vida a ver como todo lo que había soñado se esfumaba hasta obligarme a olvidarlo. No se trataba solo del amor que le tenía, le seguían decenas de eventos en los que la obligué a torturarse conmigo en un mar de sonrisas falsas y besos secos. Queríamos privacidad, queríamos ser una pareja cualquiera que discute, rompe y simplemente pasa de página, pero las constantes preguntas en redes sociales nos invadían a cada segundo y, por el bien de la audiencia y nuestra reputación, seguimos "juntas" ante el ojo público cuatro meses después de separarnos.
Sí, una autentica tortura medieval.
Era doloroso que, apenas las cortinas se cerraran, nuestro cuarto de hotel se viera invadido por un silencio apenas interrumpido por el llanto de la otra en la ducha. La escuché muchas veces... y estoy segura de que ella a mí.
Nos conocíamos hasta la raíz, besamos cada centímetro de nuestra piel y compartimos cuantos gustos en común teníamos.
¿Cómo es que, después de amarnos tanto, nos habíamos dejado así?
No lo tengo muy claro aún, pero la noche en que se quejó sobre mi entusiasmo respecto al nuevo capítulo de Juegos de Tronos, fue la primer señal que tomé.
Después fui yo, quejándome del exceso de plantas que tenía dentro de la casa.
Que yo no doblo la ropa en cuanto sale de la secadora.
Que ella no se pone chaqueta aún cuando está fresco y entonces me quita la mía.
Que yo soy lesbiana.
Que ella no...
Fue escalando, descendiendo, o lo que sea, pero se movió hacia una dirección sin tomarse ni un solo respiro que nos permitiera digerir todo.
Ya no nos amábamos, amábamos lo que alguna vez fuimos.
Margareth ya no estaba dispuesta a dejar que yo le hablase sobre mi amor por la cultura pop.
Yo ya no estaba dispuesta a tolerar un poco de tierra en el suelo.
Ella ya no quería ver por días mi bulto de ropa amontonado.
Yo ya no quería quitarme la chaqueta.
Tuvimos que esperar hasta que ella se fuese con otro chico para confirmar que nuestro amor sí tenía barreras: el estúpido género.
Cubrí mis ojos al recordar la noche en que ella vino a mí con sus piernas temblorosas y la mirada avergonzada. Me asustó, aún me veo corriendo para abrazarla y consolarla antes de hablar, susurrándole que no me importaban los errores que cometiera, yo la iba a perdonar.
Entonces, seguramente en un acto de embarazo total, rechazó mi abrazo en un empujón tan brusco que terminé sentada en la cama, completamente confundida.
"Me acosté con un chico... Tenemos que hablar de eso, Rosalinda. No puedes simplemente ignorar que te hagan daño, menos si fui yo."
¿"Ignorar que me hagan daño"? Solté un bufido. Según Margareth, ese es de mi mayores defectos: ser demasiado buena para mi propio bien.
¿Qué coño se supone que significa eso? ¿No debería el mundo dejar de ser tan cruel y ruin?
Me levanté del balcón y corrí al baño para tomar pañuelos y limpiar mi rostro. Me observé en el espejo, seguía tan gris y demacrada como desde entonces.
Pese a los esfuerzos de Mike por venir todos los días para asegurarse de que había comido, no pudo evitar que bajara considerablemente de peso luego de que dejé mis rutinas deportivas. Mi cabello ya estaba lo suficientemente largo para hacerme una coleta, altura que no había alcanzado desde mis dieciocho años.
Suspiré al sentir como mi nariz era liberada de los asquerosos mocos que me invadían, porque encima de todo, estaba resfriada. Seguramente por no alimentarme bien.
Empujé las cajas aún llenas de cosas que impregnaban el departamento hasta llegar al sofá, el único mueble que poseía por el momento. Era mi comedor, mi cama y mi sala de estar. Tenía que cambiar de lado constantemente porque mi trasero ya estaba marcado y se hundía cuando me sentaba.
Tomé mi celular: 4:30 pm. Vaya, no era ni un poco tarde y yo ya quería largarme a dormir. Una llamada entrante me interrumpió: el psicólogo.
Mierda, me había saltado la cita de hace media hora. Me quejé y le contesté con una fingida voz apresurada, culpando al tráfico de la ciudad por lo lento que se movía mi motocicleta. Se pospuso a las seis.
Con la poca energía que poseía, me las arreglé para montarme hasta verme decente y correr al consultorio. Huí al ascensor y, cuando se abrieron las puertas, me hice a un lado para que una chica pasara. Llevaba tantas cajas encima que ni siquiera pude ver su cara y, francamente, la ansiedad de llegar tarde me impedía tomarle importancia.
Me tomé el camino con calma, apenas estaba a quince minutos de distancia y me sobraba muchísimo tiempo. Me detuve en el semáforo, justo frente a mi antigua estética de confianza. Me miré en el espejo de mi moto y suspiré, derrotada. Tenía que hacer algún progreso, por muy mínimo que fuera, para que el Dr. García supiese que toda la pasta que le estaba invirtiendo no era en vano.
Aún me sentía rara y distante, pero era mejor que estar completamente enterrada en una asfixiante depresión, ¿no?
Me alejé del bullicio y estacioné, soltando mi casco en la entrada. Georgia cambió su sonrisa de bienvenida a un suspiro de horror en cuanto dejé que cayera aquél manto de pelo sucio, sin cepillar y, para variar, mojado por culpa de la lluvia. No pude evitar reír ante su reacción, supe que había tomado la decisión correcta.
Poco a poco, me estaba recuperando. Volvía a ser yo en Madrid.
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Rozabeth. | Marferline.
RomanceRo Luna, cuyo canal de vídeos fue creciendo con tanta popularidad que terminó siendo la chica número 1 cuando de vlogs diarios se hablaba, se ve derrotada tras una dura ruptura amorosa que la desmorona por completo. Decide volver a la gran ciudad en...
