Capítulo 2

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En este momento me encuentro en confusión. No sé que ponerme para la fiesta de hoy, aunque no tengo muchas opciones. Escojo una minifalda color azul y una blusa negra, ajustada y que me queda por encima del ombligo. De calzado, utilizo unas Vans blanca. En mi bolso echo la ropa necesaria para dormir y para ir al día siguiente a la   escuela. Falta media hora para que empiece la fiesta, pero iré más temprano para poder dejar todas mis cosas guardadas.

Bajo a la cocina y me encuentro con mi madre preparando comida. Me observa de soslayo y sigue cortando la zanahoria.

— Entonces....¿vas a dormir en casa de Rachel?

— Sí, madre. Necesito dinero, pediré un taxi.

— Sabes como es la situación económica de esta familia. Podrías haberte ido en autobús —pone su mano izquierda en la cintura y me mira fijamente a los ojos.

— Ya es muy tarde y no puedo. El proyecto es para mañana, es necesario.

Sinceramente, tengo mis ahorros, pero por ahora no los quiero gastar.

— Solamente tengo 10 euros — dice rendida — y si te sobran me los traes.

— Sí, mami — dije mientras cogía el dinero que me extendía mi madre.  

Salí por  la puerta, decidida a enfrentar al mundo. El taxi llega e inmediatamente me subo en el vehículo. Le muestro la dirección e inmediatamente se pone en marcha. 

Cuando el taxista detiene el vehículo es que me doy cuenta de que hemos llegado a la casa de Angela, la casa más fabulosa de Tenerife. Al bajar del vehículo, me acerco a la puerta y toco el timbre. Después de unos segundos se abre la puerta y una fabulosa Angela se encuentra detrás de ella.

Su piel blanca contrastaba con su vestido rojo que le llegaba hasta la mitad de los muslos. Su maquillaje era perfecto y su moño estaba impecable.

— Bienvenida a mi casa — hace un gesto con la mano, invitándome a entrar. Entro callada, apreciando cada rincón de la casa. — Por aquí se encuentra la habitación que te prestaré por hoy — dice mientras se dirige por uno de los pasillos. Pasamos un par de puertas y al llegar a la tercera se para en frente. Hace un gesto con la cabeza, diciéndome que entre.

Doy un paso adelante y procedo a abrir la puerta.

— Oh wuao — es lo único que puedo pronunciar al abrir la puerta. Parecía ser la habitación de una princesa, era perfecta.

— ¿Te gusta? — preguntó.

— Obviamente, sí.

— Que bueno. Por cierto, ¿no vas a maquillarte?

— No, no sé maquillarme.

— ¿Es cierto? — asiento y ella se queda pensativa. — Podemos arreglar esto, sígueme — hace un gesto con sus manos.



(...)

Después de unos diez minutos de explicación, ya estaba maquillada y lista para todo.

— Te ves fabulosa — comenta. — Serás el centro de atención.

Me sonrojo ante sus palabras. El timbre suena y unos pasos se escuchan fuera de la habitación.

— Angel irá — comenta.

Se levanta y se dirige a la puerta.

— Vamos a recibir a los invitados — propone.

— Sí, vamos.

Salimos de la habitación y bajamos las escaleras. La primera persona a quién veo es a Angel y a su lado, dos chicos que no reconozco. Me siento en el sofá mientras que los chicos se dirigen a la mesa por un poco de jugo que, a mi parecer, también tiene algo de alcohol.

A medida que pasan los minutos las personas van llegando. Pero yo estaba tan centrada en mi mundo que ni siquiera me di cuenta de que habían puesto la música.

— Tessa — saluda Lucas para luego sentarse a mi lado.

— Hola Lucas — le devuelvo el saludo.

— Estás muy preciosa hoy — me sonrojo ante su comentario.

— Tú tampoco te ves mal.

— Gracias — sonríe.

Sus ojos bajan a mis labios, pero yo aparto la vista volteando la cabeza. No permitiré que me besen tan fácilmente. Me levanto del sofá y voy en busca de algún conocido. Al no encontrar a nadie me dirijo hacia el patio trasero. Las personas abundan en esta enorme casa. 

— Hola preciosa — saluda un chico mientras me extiende un vaso con un líquido rojo. 

—Hola — tomo el vaso y le doy el primer sorbo. Un sabor amargo recorre toda mi garganta y no puedo evitar cerrar los ojos.

— Mi nombre es Matt y voy un año más adelantado que tú en la escuela.

— Nunca te había viso.

— Pero yo a ti sí — era un poco perturbado su comentario. — Bueno, quería invitarte a la cueva El Tancón, invite a Lucas, Angel, Angela y tres chicos más.

Dude un poco, no es algo que me llame mucho la atención.

— ¿Qué van a hacer allá? — pregunto curiosa.

— ¿Has escuchado sobre el mito de Hondry? 

— No...

— Pues te contaré de que se trata. La leyenda cuenta que el primer jueves de septiembre de cada año, — dice con voz profunda — en la cueva El Tancón surge un extraño poder en sus aguas. El poder es tan grande que te permite realizar cualquier deseo que creas imposible. Nosotros pensamos en ir a desmentirlo.

— Es algo absurdo, no iré. Como acabas de decir es solo un mito.

— Vamos, no seas aburrida.

— No, no soy aburrida, soy una persona madura.

— Aburrida — dijo con tono juguetón.

— Está bien, iré — rodé los ojos. No puede ser posible que me haya dejado involucrar en esta situación. 

— Muy bien preciosa — dijo con una sonrisa juguetona para luego desaparecer entre la multitud de personas. 

Me adentré a la casa y como no encontraba que hacer, me puse a bailar como tremenda loca. Disfruté el momento, era algo placentero.

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