Christopher & Anabella

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(...)

Caminé lentamente hacia la puerta intentando tranquilizarme. Tomando el pomo la abrí de par en par, quedándome sin respiración al verlo.
Ninguno dijo nada, ni siquiera nos habíamos saludado, sólo nos mirábamos. Me recosté en la puerta, sentía mis rodillas débiles por su intensa mirada. No podía entender qué estaba sucediendo. O qué le ocurría a Christopher. Su mirada era abiertamente sexual y viajaba de mi boca roja a mis pechos, haciendo que mis pezones se pongan duros contra mi sostén y mi hendidura se moje inmediatamente.

-Dios Anabella, te ves…te ves increíble. Gruñó ronco. –Increíblemente hermosa. Me dan tantas ganas de cogerte. De tumbarte en una cama y enterrarme en ti por horas.

Mis ojos se abren sorprendidos al escucharlo. No podía creer lo que decía.

-¿Disculpe? ¿Cómo dijo? murmuré incrédula. Mi estado pasó a azorado cuando vi que sus mejillas se teñían de rojo.

-¿Lo dije todo verdad? No sólo lo pensé, sino que salió por mi boca. Maldita sea. Me pones tan increíblemente duro desde hace meses, que pierdo los papeles contigo. Deseo tanto hacerte mía, que ya las duchas frías y masturbarme no me alcanza. Admitió frustrado mientras revolvía su cabello. –Ahora, por favor vámonos. O no podré resistir un minuto más estando a metros de tu cama.

Unos minutos después comencé a tararear una canción, queriendo liberar un poco de tensión dentro del auto. El ambiente cerrado era incómodo y estaba cargado de frustración sexual. Ninguno había pronunciado palabra luego de su confesión.

-¿Qué dijiste? Preguntó distraídamente mirando su reloj.

-Nada Señor. Estaba cantando.

-Oh por favor, basta ya de Señor. Di mi nombre. Solo di Christopher, como yo digo Anabella. ¿Qué cantabas?

-Un tema de Adam Levine, el de Maroon 5. Es un cantante increíble, además de que me excita muchísimo. Apenas terminé de hablar supe que había cometido un error. Los nervios por la situación anterior desbloquearon mí conexión boca-cerebro. -¿Conoces el grupo? Pregunté tuteándolo e intentando cambiar de tema. Al parecer mi descripción del cantante no le gustó, porque su rostro se tornó entre angustiado y furioso. Si, soy una idiota. ¿Por qué dije eso?

-Pero qué demonios… Tal vez yo también debería cantar. No quiero que vuelvas a nombrarme a ese imbécil. Ni siquiera sé quién es y ya lo detesto. Gruñó furioso mientras sus nudillos se volvían blancos por la fuerza con la que agarraba el volante.
– Yo soy el que desearía excitarte a ti, como tú me excitas a mí y no tienes idea de cuánto. Yo soy el que desearía destrozar tus bragas para cogerte sin piedad durante toda la noche, todas las putas noches. Pero claro cómo podría, si piensas en otro, que seguramente tiene más éxito y que seguro no te saca 20 años como yo. Cómo podrías desear estar conmigo, un viejo. Un viejo que además es tu jodido jefe. Murmuró disgustado. Sus ojos sólo reflejaban lo solo y avergonzado que se sentía.

-Christopher, espera. Sólo espera un momento por favor. Le dije poniendo mi mano en su antebrazo antes de que bajara del auto. Con todo lo ocurrido ni siquiera me había dado cuenta que habíamos llegado. –Me cuesta un poco procesar todo lo que me dices. Yo realmente no sé cómo reaccionar, teniendo en cuenta tu comportamiento durante estos meses que nos conocemos. Lo único que sé es que te deseo. Te deseo tanto que a veces no lo soporto y cuando vuelvo a casa del trabajo me acaricio pensando en ti, imaginando que eres tú quien me toma y me hace gemir de placer. Me encanta como eres y no cambiaría nada en ti. ¿Piensas realmente que nuestra diferencia de edad es un impedimento para estar juntos? Te quiero. Es así de simple y complejo a la vez porque en este momento tengo tantas ganas sentirte dentro de mí, sobre mí, que apenas puedo soportarlo. Susurré observandolo, mientras deslizaba mi mano por su muslo.

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