Capítulo único

28 5 1
                                        

Hoy era 23 de Abril, este año se veía tan prometedor para una dama como yo, una hermosa dama que disfrutaba de la dicha de casarse con un hombre tan rico y poderosos como lo es Evans. Según mis amistades la suerte jugó a mi favor en el 72, permitiendo que me casaran con un hombre de tal valor, mis padres no pudieron elegir mejor marido para su pequeña hija, eso era lo que ellos creían.

Casarse con un hombre que no ames, no era lo correcto sentimentalmente, yo lo sabía de primera línea, pero los intereses económicos y éticos de tu familia van mucho más allá de lo que puedas sentir o pensar. Como flamante mujer de Evans podía asegurar que el no es mal hombre, en realidad es sólo eso, un hombre; busca sus propios intereses y llegar cada vez más alto, no puedo señalarle culpable, todos hemos soñado con tocar el cielo.

Cielo, yo me he sentido el cielo, pero no de la forma que tu crees.

Un sólo hombre en mi vida me ha hecho sentir como si flotara, me ha hecho sentir completa y llena de vida, a su lado las noches son cada vez más brillantes, los toques más cálidos y el amor más carnal.
Me siento una total hipócrita porque soy una mujer que merece ser señalada en las calles por dejar que otro hombre acaricie mis piernas, por dejar que otro hombre sostenga mi cintura al bailar vals, por permitir que otro hombre me ame como merezco; aún así, con todo orgullo dejaría que mi pobre alma fuera juzgada, porque gracias a este bendito pecado he conocido al amor de mi vida.

Incluso nuestro primer encuentro fue éticamente inaceptable, nos conocimos una fría noche en uno de los balcones del Gran salón de baile, en el centro de París.
Recuerdo como unas horas antes Evans me había pedido que le acompañara como su digna esposa a un encuentro entre sus amistades, cabe destacar, que todos era grandes hombres de negocios.
Luego de llegar a la reunión amistosa y estar al menos dos horas sentada escuchando hablar a esos hombres de negocios sobre las piernas de la camarera, me levanté con la brillante excusa de que necesitaba ir al tocador, vague por los pasillos hasta llegar a un lindo balcón que dejaba ver toda las hermosas luces que adornaban las calles de París. El frío de la noche colaba mis huesos y hacia mi cuerpo temblar levemente, estaba tan perdida en mis pensamientos que no pude evitar sorprenderme al sentir como unas cálidas manos colocaban sobre mis hombros un gran saco color negro, intentando mantener la calma me volteó en busca de mi esposo, para mi sorpresa un joven de ojos almendra me observaba con una mirada amable y atrayente. Sus ojos me atraían y me hacían perder mi norte, sus manos acariciaban pacientemente mi espalda como si buscara consolarme de algo más que el frío, en su mirada lograba ver la bondad de su corazón y estaba casi segura que el podía ver la tristeza en los míos, su voz se notaba temblorosa por el frío de esa noche, recuerdo como con una sonrisa.

"¿Qué hace una hermosa dama como tú en medio de la noche?"

Recuerdo como mi rostro se sonrojaba y como mis labios no escondieron la sincera sonrisa que le correspondía al contrario.

"Sólo quería despejarme, me llamo Fleur ¿y usted noble caballero?"

"Mi nombre es Pierce y déjeme decirle señorita, que usted posee una de las sonrisas más bellas que he visto a lo largo de mi vida"

Mi rostro a este punto estaba completamente sonrosado, sonreí y trate de mirar hacia otro lugar por la vergüenza que me causaba mirarle tras aquella declaración suya, pero se me hizo imposible por la atracción que tenían sus ojos almendra.

"Yo pienso que posees una de las miradas más atrayentes que jamás he visto, me es imposible separar mi mirada de tus ojos almendrados"

Desde aquel momento nos escondimos en las sombras para disfrutar de nuestro amor prohibido. Se preguntarán por qué me enamoré de él, fueron sus abrazos, besos y el cariño con que se dirigía hacia mi, aquellos actos que parecen tan simples y mundanos me hicieron conocer las sensaciones más inexplicablemente hermosas que he sentido jamás con nadie.

Un día íbamos de la mano en la calle, caminando como siempre hacíamos. Hasta alguien tiro de mi mano fuertemente, haciendo que me volteara con una expresión de sorpresa, era mi marido quien nos miraba con una expresión notable de extremo enojó. Sentí como el aire se acababa en mis pulmones, no había escapatoria, nos habían descubierto. Al instante mire a Pierce quien tenía una expresión de angustia y temor, sus ojos estaban desorbitados.

Mi marido en ese lapso tiraba de mi brazo mientras gritaba muy fuertemente, en ese momento sentí como toda la ciudad me miraba, en un milisegundo yo estaba en el suelo mientras me agarraban de mis hombros y colocaban un objeto en mi cabeza. Lo último que vi antes de que me colocarán lo que suponía una bolsa en la cabeza fue que a Pierce le colocaban algo similar mientras lo golpeaban muy fuertemente.

No se cuanto tiempo a pasado desde que estoy aquí, tengo la certeza de que ambos moriremos. Estamos en la misma celda, nuestras manos se rozan y las entrelazamos, pude sentir la electricidad recorrer mis dedos, es él. Puedo sentir su calor corporal abrumar mis sentidos, como la primera vez, todo es como la primera vez. Los latidos de su corazón, y los míos forman una melodía encantadora y dulce, que parece irónica si comparamos la situación en la que nos encontramos. Su varonil aroma una vez más, una vez más antes de que todo se acabe y todo termine de una vez por todas. Yo sabía que mi destino era la muerte, lo tenía claro, porque mi destino es él. Si él muere yo ya no vivo, porque mi alma lo seguiría a donde fuera que él llegase. Al cielo, por cómo nos hacemos sentir, rozando las puertas del paraíso, o al infierno, por lo que amarnos conlleva, porque pecar es impío. No hay nadie para él, que no sea yo, ni nadie para mí que no sea él. Somos nosotros, una perfecta mezcla de paraíso e infierno.

"Te amo" me dijo.

Y fue todo lo que necesité. Aquel fue nuestro último beso, uno pasional y doloroso, que era separado por una áspera y fría tela. El último y el primero por siempre. Porque él era el amor de mi vida, lo sería siempre.

Segundos después apareció el verdugo, que nos condujo hacia la guillotina.

Pero ya no me importa. Porque en esta vida y en la siguiente, en esta vida y todas las se vengan, él y yo nos volveremos a encontrar. Reencarnando en los amantes, que lucharán por siempre contra todo lo que se les oponga. Todas las veces que sea necesario.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Oct 14, 2019 ⏰

¡Añade esta historia a tu Biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

amour de cette vie et  de la prochaineHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora