Capítulo 1: Una visita nocturna
—¡Por fin! —dije soltando mi maleta junto el sofá—. Hogar, dulce hogar.
Miré a mi padre que salía de la chimenea tosiendo.
—¡Malditos polvos de chimenea! —exclamó—. Debería a aprender a cerrar la boca —comentó restregando la manga de su camisa por su lengua.
—La verdad es que sí —admití caminando hacia la cocina.
—¡Oye! —gritó andando detrás de mí—. Deberías mostrar un poco de respeto a, ahora, el único adulto de la casa.
Saqué una botella de agua y la vacié en el vaso que previamente había colocado sobre la encimera.
—Tienes razón —respondí—. Y ¿dónde está? —indagué burlona mirando tras él.
—Ja, ja, ja —se rió sarcásticamente—. Pero recuerda que aún puedo castigarte.
Dejé de reírme y él me miró con superioridad. Salió de la cocina victorioso.
Subí por las escaleras hasta llegar a mi habitación, estaba igual como cuando la dejé hace tres semanas atrás. Empecé a desempacar las cosas de mi maleta.
Acabábamos de volver de Francia. Habíamos ido a visitar a mis abuelos de parte de madre, y pasé las semanas con mis dos primas. Eran un poco estiradas, pero cuando querían se soltaban la melena, a veces escandalosamente. Aunque eran muy simpáticas, eran las hermanas que nunca tuve.
El abuelo Edmond atrapó un pequeño catarro, pero mamá, como es tan protectora, decidió quedarse más tiempo para cuidar del abuelo. Así que estábamos solos con papá en Inglaterra. Coloqué un libro sobre mi mesita de noche, mi vista automáticamente se posó en la fotografía en marcada que reposaba ahí. Era una fotografía de Hermione, Ron, Harry y yo. Nos la hizo mamá al volver de Hogwarts este verano. Sonreí inconscientemente. Miré a mi amigo azabache que tenía un brazo por encima de mi hombro. Abrí los ojos boquiabierta, corrí hasta el calendario que colgaba de mi pared.
—Vaya —musité.
Era 29 de julio, quedaban dos días para el cumpleaños de Harry. Por suerte, le compré un regalo en Francia. Era una especie de guía didáctica sobre quidditch, había jugadas estrellas de los mejores jugadores de la historia, y otras cuestiones así. Lo envolví y lo dejé sobre mi escritorio.
●●●
A la noche siguiente me senté en mi escritorio intentando escribir una carta para Harry.
—Vivo a dos calles de la casa de Harry, ¿por qué enviarle una carta si puedo ir a verle? —me cuestioné en voz alta.
Aunque, por otro lado, si me presentaba en la casa de los tíos de Harry, era muy posible que me cerraran la puerta en la cara, como la última vez, o castigaran a mi amigo por mi culpa.
Lo había decidido, iría a verle, pero de noche, esa noche.
Esperé a escuchar los ronquidos de papá y bajé sigilosamente por las escaleras con el regalo para Harry bajo el brazo. Dejé una nota pegada en la nevera explicando que estaba bien y que me encontraba visitando a Harry. Por si acaso, mas prefería que no tuviera que encontrarla. Salí por la puerta y avancé por la calle.
Me paré enfrente del nº4 de Privet Drive, ahora que estaba ahí no tenía la menor idea de llamar a Harry sin que los Dursleys me escucharan. Me senté en el bordillo de la casa de Harley y Ethan Miller contemplando la casa del azabache.
No me preocupaba que me pudieran ver, ya que eso era imposible. Los Miller estaban de viaje por Italia y no volverían hasta finales de agosto.
Apoyé mi cabeza en mi mano suspirando cansadamente. Entonces la bombilla de bajo consumo de mi cabeza se iluminó. Me acerqué cautelosamente hasta la entrada de los Dursley, junto a la ventana que daba al salón había un arbusto de gran tamaño. Sonreí.
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MALIA COLLINS Y EL PRISIONERO DE AZKABAN
Fanfiction[TERCER LIBRO DE LA SAGA MALIA COLLINS] Venganza, mentiras y dementores. Parece que la palabra "tranquilidad" está más lejos de suceder en Hogwarts tras cada año que pasa.
