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El semestre ha acabado y el inicio del siguiente se cierne sobre su espalda, listo para atacar en cualquier momento. Sin embargo, aún quedan días libres, días de disfrute y días para procrastinar como si no hubiera mañana.

- ¿Vamos? - los ojos de Jin le miran interrogante desde arriba. NamJoon está leyendo su última adquisición sentando sobre su sofá preferido: mullido, un poco roto, en mal estado y siempre a punto de dar su último respiro, tal como se siente el moreno la mitad del tiempo.

- ¿Dónde? - contraataca el menor. Sin saber a qué se refiere.

- Sólo vamos.

Los hombros del muchacho se mueven, arriba abajo, de acuerdo y sin rechistar. Si es honesto consigo mismo, el libro está resultando una decepción y una distracción extra no le vendría mal.

Conduce por lo que parecen ser treinta minutos. Él siempre se mantiene callado mientras conduce, no toca música, pero sí mueve sus dedos al compás de un ritmo de su mente crea. Seokjin le conoce hace años, le entiende y siempre está en sincronía. NamJoon lo agradece; agradece el silencio y agradece la calidez de la diestra impropia sobre su muslo.

Los años han hecho que se comprendan sin necesidad de palabras, sólo sintiendo y viviendo.

Cuando llegan al lugar que el mayor le había indicado previamente, las cejas del moreno se alzan, preguntándose en qué coño le ha metido Jin esta vez. La fachada exterior es de un viejo gimnasio, luce maltrecho y abandonado.

- Unos chicos de la facultad me invitaron - responde el mayor a la pregunta implícita que expresa el cuerpo de NamJoon.

Eso es todo lo que necesita antes de dejarse arrastrar por el adverso.

En la puerta unos chicos saludan al estudiante de teatro, ignorando por completo como la diestra de Jin se enlaza con la siniestra de NamJoon. Todo el mundo en el campus les conocen, saben como son. Saben que Jin no tiene relaciones estables y, lo más cercano a una, es NamJoon. A nadie le importa, todos hacen caso omiso a los besos que Seokjin le da a NamJoon cuando están aburridos en la cafetería. La gente del campus sabe sobre su rutina y sólo los estúpidos, los ilusos, se atreven a recriminarle algo al mayor de los Kim cuando eso sucede.

Al entrar, el moreno queda aún más descolocado que antes. Hay chicos desnudos sobre un escenario improvisado en medio del gimnasio. Recitan poesía, cantan, bailan y hacen performance que NamJoon no logra comprender por completo.

La mitad de la gente que está en el interior del lugar usa ropa, la mitad restante va tal como ha sido traído al mundo. Si él logra ser honesto, no le importa en lo más mínimo, sólo a veces le sorprende las pseudo excentricidades que rodean a su mejor amigo.

- Oh, ¡ahí está Hyejin! - exclama el contrario con entusiasmo mientras vuelve a arrastrar a Joon por el lugar.

Quedan aún más cerca del escenario. Seokjin suelta su mano al tiempo que le dice que irá por algo de beber.

Sus hombros se encogen y asienten. El calor es sofocante y podría usar algo de beber, sino pronto estará en igualdad de condiciones con los chicos desnudos.

Sus manos se colan en los bolsillos del pantalón cargo que trae y su mirada vaga a través del gimnasio. Cuando se detiene, se detiene en un chico de hebras doradas. Está sobre el escenario y lo único que le separa de la desnudez es una especie de malla que usan los bailarines y, que además, esta cortada de tal forma que sólo cubre sus glúteos y entrepierna.

Sus ojos se quedan sobre el sujeto en cuestión. La música suena estridente, pero el cerebro de NamJoon la aisla. Se siente como si sólo estuviera el chico desconocido y él.

El rubio comienza a bailar. No es una especie de baile excéntrico que el moreno esperaba. No, no lo es.

Los movimientos son marcados, pero agraciados y pareciera que el escenario le pertenece, más bien, el lugar completo es sólo de él y nadie más.

Su mirada y la del extraño se conectan. Y desde ahí, jamás se vuelven a separar hasta que el baile ha finalizado.

NamJoon puede sentirlo. La gente a su alrededor podrá estar desnuda físicamente, pero es aquel chico de hebras doradas quien ha desnudado su ser y le ha dejado sintiéndose tan vulnerable como cuando su madre se marchó para nunca volver.

- JiMin - la voz de su mejor amigo le trae a la realidad. Le acerca una cerveza fría y NamJoon la toma.

Antes de que pueda expresar la pregunta en voz alta, el contrario ya le esta respondiendo - El rubio bonito de ahí se llama JiMin.

- JiMin - repite y, por alguna extraña razón, el nombre suena poco apropiado en su boca.




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Esto está sin editar. Prometo hacerlo más tarde.

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⏰ Last updated: Sep 03, 2019 ⏰

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Desnudez Where stories live. Discover now