Algunas veces me encuentro con tu foto. Aquella en la que estamos los dos. Y me acuerdo del día en que dijiste, que hacía girar tu mundo... y te creí, también así como la ultima vez que intentaste darme un abrazo, casi por mancharlo de un adiós. Fue buena la idea de convertirme en ladrona. Porque lo mejor que le hubiese ocurrido, era ser olvidada en un añejo cajón. Pero no; hoy su destino estaria en algún basurero de la ciudad. Y las horas de aquellas manos que la hicieron, nuestras manos, no serían. Pero entonces me veo, sin sentido, quitando lo trágico a los recuerdos; como si ya no fuera trágico, que ahora cada vez busco una blusa vieja antes de dormir, nos encuentro. Ahí donde fuimos. Ahí, donde no seremos.
