Prólogo

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Era un día como cualquier otro sólo que está vez faltaba uno para que Vanya cumpliera 13 años y estaba emocionada, sin duda era su día favorito del año, por encima de Navidades o Carnaval.

Siempre fue una niña nerviosa y con problemas de hiperactividad, que a lo largo de su vida a podido controlar a excepción de cuando estaba emocionada, furiosa y de vez en cuando triste.

Hoy sin duda estaba nerviosa, al fin y al cabo iba a hacer 13 años, una edad que deseaba desde que era pequeña. Ni ella misma sabía por qué, pero le gustaba.

A las nueve estaba comprando con su madre, a las cuatro desempaquetando las últimas cajas de la mudanza y las siete salió a dar un paseo.

Cuando se dió cuenta no sabía dónde estaba, ya que no conocía muy bien el pueblo. Siguió caminando en busca de encontrar el camino para poder regresar a su casa, llegaron las ocho y ya era de noche.

Se acababan de mudar al comienzo de un pequeño pueblo llamado Vermont y no le fue difícil alejarse de cualquier casa, luz o persona.
Se sentía desorientada y de repente vio una luz que procedía del bosque y pensó que habría gente y que podría llamar a sus padres y sin pensárselo mucho se adentró entre los árboles, estos crugían fuertemente, Vanya comenzaba a tener un poco de miedo y aunque sabía que lo mejor sería darla vuelta siguió avanzando hasta que llegó al lugar de donde procedía la luz.Una vez allí se quedó quieta al lado de dos personas a las cuales intentó pedir ayuda pero que al verla echaron a correr sin que Vanya pudiese decir ni una palabra. Al mirar a su alrededor, la joven quedó atónita al ver que había más gente allí. Le pareció curiosa la forma en la que iban vestidos y lo que decían ya que estaban con los ojos vendados, unos llevaban unas túnicas negras mientras que otros las llevaban blancas, pero todos se encontraban dentro de un círculo que contenía unos símbolos extraños, mientras repetían lo mismo:

—Et hoc erit nobis praedecessor noster accipere gloriam et percussit inimicos nostros—o algo así entendió. Se preguntaba que estarían diciendo y en qué idioma.

Al cabo de unos segundos la luz que la llevó hasta ese punto en el bosque se volvió cegadora y esa extraña gente comenzada a gritar cada vez más y más alto. De un momento a otro Vanya dejó de ver y no llegaba ni a escuchar sus propios gritos.

A la mañana siguiente, despertó en su habitación, no recordaba cómo había llegado hasta allí, ni quién la dejó en su cama o le cambió la ropa por el pijama.

Sólo se acordaba de haber salido de casa, haberse acercado al bosque y despertarse.

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