Lo encontré en un claro, a unos cuantos pasos de ese lago de sangre.
Lo encontré ahí, herido y desorientado, estaba lleno de golpes y arañazos, pero pese a eso, por alguna razón seguía siendo lo más hermoso que había visto. Seguía ahí en el suelo sin moverse y la verdad es que no sabía el porqué, pero yo no podía apartar la mirada de, traté con todas mis fuerzas de dar la vuelta y huir, pero cuando me percaté de mis acciones ya estaba caminando hacia él, me hinqué a su lado y traté de despertarlo. Pero no funcionó, decidí intentarlo una vez más y despertó, pero lo hizo en tal estado de alerta que me llevé un puñetazo en el estómago. Me tomó un momento recuperar el aliento, pero cuando lo hice busqué su mirada y pasó algo que ni en mil vidas podría explicar, el brillo en sus ojos me hicieron sentir tan en calma y tan cálido, que temí el estar aún mareado por el golpe. Enseguida me di cuenta de que lo que sentí lo causaban esos ojos tan oscuros, en los que fácilmente te podías perder por horas, sacudí la cabeza saliendo de mis pensamientos y le pregunté su nombre y la razón por la estaba en ese estado. Contestó que su nombre era Argo y que desconocía la causa de su estado actual, dijo no poder recordar nada más allá de su nombre. Fue hasta entonces que caí en cuenta de que ambos seguíamos en el lodo y lo invité a levantarse una vez que me había incorporado le tendí mi mano y en el momento en que hice fuerza para ayudarlo volvió a doler mi costado, era una vieja herida que seguía abriéndose, realmente en este punto ya no recordaba cómo la había obtenido, sólo sabía que había días en los que dolía más que en otros. Comenzamos a andar sin rumbo y he de decir que todo el tiempo que caminé a su lado tenía la tentación de tomar su mano y poder sentir el tacto de su piel, pero algo muy dentro de mí me decía que de hacerlo podría asustarlo, así que decidí que por el momento esperaría, seguimos andando hasta que él me cuestionó sobre la razón que me impulsaba a acompañarlo a un destino sin nombre, he de admitir que me causó algo de gracia cuando me dijo ¿No has notado que no tengo nada? ¿Esperas alguna recompensa por tu ayuda? Yo sólo me limité sonreír y a decirle que había algo en él que me hacía querer ayudarlo y que realmente el poder estar con él era suficiente recompensa. A lo cual él sólo me contestó que estaba loco. Seguimos así uno al lado del otro caminando sin saber a dónde, hasta que de un momento a otro él me pidió parar, le pregunté el porqué de su petición a lo que sólo atinó a levantarse la camisa y mostrarme una gran herida que iba desde du abdomen hasta su pecho, justo sobre su corazón. Tengo que confesar que entré en pánico, nunca había ayudado a alguien con una herida, era tan poco mi conocimiento que ni siquiera había podido tratar la mía, estuve a nada de decirle que estaba buscando ayuda en la persona equivocada, que yo ni siquiera era capaz de tratar la mía, pero me detuve en seco al notar 2 cosas, la primera era que en ningún momento él me pidió ayuda y la segunda fue el dolor en sus ojos ese sentimiento que trataba de reprimir. Ver como esos grandes y hermosos ojos se notaban un tanto vacíos me partió el alma, así que mientras él seguía sumergido en su mente, yo tomé la oportunidad, arranqué un trozo de mi playera, el más limpio que pude encontrar, abrí mi cantimplora y vertí algo de agua sobre la tela, me acerqué a Argo y con mi mano temblorosa comencé a limpiar la zona de su abdomen. Al parecer el tacto de la tela logró regresarlo al presente y me dirigió una mirada confundida, ¿Por qué haces eso? me dijo, realmente no tenía una respuesta muy bien armada, ni siquiera yo lo sabía, lo único sobre lo que tenía certeza es que estaba dispuesto a hacer lo que fuese para no volver a ver un rastro de tristeza en esos hermosos ojos. Obviamente sólo le dije que lo hacía porque quería ayudar, noté como se tensaba ante mi respuesta, por lo que decidí detenerme, él sólo evitó mi mirada y me dio las gracias. Seguimos caminando por otra hora hasta que ambos decidimos que estábamos muy hambrientos para continuar, Argo señalo que podríamos intentar pescar en el arroyo que corrí a unos 30 metros de nosotros, lo cual me pareció una muy buena idea, sólo por un pequeño detalle no tuvimos ni cañas ni redes. Lo cual no tarde no señalarle, pero simplemente me dijo que los atraparíamos con las manos. Me preguntó sí sabía cómo hacerlo y le confesé que realmente no sabía nada de aquel tema, para ser honestos pensé que se molestaría un poco, pero en su lugar se ofreció a enseñarme, se colocó detrás de mí y tomando mis manos las sumergió al agua en el momento preciso en que pasaba un pececillo entre mis piernas, reaccioné en el instante en que susurro en mi oído tómalo. Junté mis manos bajo el agua y sentí como las escamas del pececillo rasgaban mi piel, me emocioné al punto en lancé al animal a la tierra y comencé a saltar de la alegría, por desgracia levanté de más mi brazo izquierdo y sentí como la herida se abrió de nuevo, me asusté mucho, sentía la piel arder y como la sangre recorría mi costado. Argo lo notó y me pidió que me recostara y levantara ese pedazo de tela hecho trizas que hacia las veces de playera. Noté que desataba una venda que llevaba en su muñeca izquierda, me dijo que no me moviera y eso hice permanecí quieto mientras él utilizaba lo que había quedado de mi agua para limpiarme la herida. Fue algo extraño, yo recordaba un gran dolor, pero en el instante en que sentí sus dedos sobre mi piel el dolor se evaporó. Terminó de limpiarme y me pidió que me levantara para vendarme, una vez que lo hizo me dijo que lo esperara a la orilla del arroyo mientras él terminaba de conseguir nuestra comida. No noté que estaba dormido hasta que me despertó sacudiéndome, noté que en el cielo ya brillaba Selene y sus estrellas a lo que me apresuré a preguntarle ¿Cuánto tiempo estuve dormido? me contesto que un par de horas, por lo cual me disculpé, dijo que no importaba y me ofreció un pedazo de pescado asado, al parecer durante mi siesta él se dio a la tarea de prender una hoguera. Acepté la comida y mientras la devoraba comencé a detallar todos sus rasgos, su cabello algo corto era de un negro intenso, tenía 3 lunares que bordeaban el lado derecho de su boca, sus labios, tan rosas y apetecibles, sus clavículas se asomaban por su camisa y lo único que yo quería hacer era pasar mi dedo por su contorno durante horas, brincando de una a otra pasando sobre el lunar que las separaba, pero no sólo vi eso, vi un sinfín de marcas y cicatrices algunas menos notorias que otras, pero había algo en ellas que más allá de producirme desagrado, creaban unas ganas incontenibles de conocer la historia que cada una encerraba, no puedo decir realmente como comenzó pero coloqué mi dedo sobre una que había en su brazo izquierdo y comencé a bordearla, preguntando sí recordaba como la había conseguido, a lo que él algo extrañado y sorprendido dijo que si, no pude contenerme y pedí que me contara la historia y así lo hizo, pero algo pasó una vez que el comenzó yo no quería que parara, pasamos horas de esa forma yo tocaba una de sus cicatrices y él conseguía recordar algunas cosas sobre ellas, algunas tenían historias graciosas, otras eran un poco más extrañas, pero para mi pesar la mayoría de ellas contenían un pasado muy triste y oscuro, notaba como de vez en cuando se cohibía como esperando a que le pidiera que parase, pero yo no podía pedirle eso.
YOU ARE READING
Hamartia "el diario de un argonauta"
RomanceEco es un chico que desea aliviar el dolor de un corazón roto, así que comienza escribiendo una historia hermosa sobre el chico que le dijo adiós y descubre que al escribirle a ese chico es como si aún estuviera a su lado y le permite poner todo en...
