CAPITULO 1

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Capítulo 1.

Parecía que el aire que respiraba era nuevo, no tenía nada que ver con lo que una vez se imaginó, sonrió eso era lo que necesitaba; una nueva vida.

Una vida donde dejaba todo atrás, una en donde no había tristeza o bueno eso era lo que esperaba. Sabía que cargaba con secuelas del pasado que todo no podría ser "color rosa" pero sabía que empezaba de nuevo, había dejado el país donde tanto daño le habían hecho. Donde lo que pensó que era su héroe se había encargado de destrozar su familia, sino que también la había destrozado a ella, sus sueños, sus anhelos, pero hoy.... Hoy podría comenzar de nuevo. Tomo la maleta con una nueva sonrisa en su rostro, ahora, ahora podría tener la oportunidad de ser feliz, su madre y su hermana habían alcanzado ese nuevo sueño. Y bueno ese era su sueño.

España, estaba en ese nuevo país que había sido el sueño de su hermana y ahora la arrastraba hacia ella y amaba correr por ella en un sentido figurado, hoy era ese día que tanto había esperado. Tomo un taxi en el aeropuerto o bueno eso había intentado, cuando aquel hombre del que solo había visto su ancha espalda la había tirado al piso, con una mueca de desagrado, se levantó de allí después de solo haber visto como el taxi echaba un poco de humo de su tubo de escape dejándola a ella atrás.

­­­­-Idiota- murmuró, se apoyó en su mano y se levantó, levantó su maleta y cogió otro taxi, esta vez sin idiotas que la tiraran al piso. Miro sus manos y un bufido salió de sus labios al ver sus manos raspadas con algunas góticas de sangre. Maldijo de nuevo al extraño de espalda ancha que la había tirado al piso. Después de bajar del taxi fuera del edificio que había pedido lo miró una sonrisa más grande curvó sus labios, por fin algo propia que ella estaba pagando con su sacrificio, porque si aún estaba pagando el apartamento, era de un familiar del esposo de su hermana, así era un cosquilleo brotó en su estómago de felicidad su hermana menor que ahora tenía veinte años se había casado primero que ella con un italiano que ella no conocía; pero su hermana aseguraba cuanto la amaba y si sentía envidia por ella bueno, ella estaba bien o eso quería creer y hacerle creer al resto de las personas. Engañándose a sí misma y no era que necesitaba a alguien para ser feliz, quería experimentar que era ser feliz con ese sentimiento, subió a su piso después de presentarse con el señor que se encargaba del edificio era como una mezcla de portero y reparador o eso era lo que había entendido.

Abrió la puerta y vio que la mudanza ya había hecho su trabajo y las cosas nuevas ya habían llegado todo era un desorden de cajas y muebles desarmados con papel chicle y otras cosas, suspiró.

—Manos a la obra—murmuró

°_°

Sopló el cabello que se le había soltado de su famoso peinado que consistía en recoger todo su cabello y sostenerlo con lo que fuera y en la mayoría de veces donde no conseguía su "moños" que mantenía en la mano lo ataba con su propio cabello, estaba totalmente sudada el short y la camisas ancha que usaba la hacían parecer una "habitante de la calle". Se sobresaltó cuando entre la música que estaba escuchando solo en chillido del intercomunicador e inmediatamente se hizo una nota mental de mandar a organizarlo, con un suspiro soltó lo que tenía en sus manos y camino hasta el aparato bulloso, apretó el botón.

—¿Sí?—preguntó sin tanto animo, estaba totalmente agotada y hambrienta.

—¡Hola, hola hermana mayor! ¡Ábreme la puerta!— una sonrisa se escapó de sus labios al escuchar la voz de su hermanita menor y presionó el botón que le daba el acceso al edificio y minutos más tarde abrió la puerta de su apartamento. Una maraña de risos rubios fue lo primero que vio como advertencia antes de sentir sus brazos delgados abrazarla, presionó fuerte la cintura de su hermana e inhaló su aroma, no sabía cuánto la había extrañado hasta que la sintió cerca.

—Hola enana—murmuró aún perdida entre sus rizos. Se separó de sus brazos y vio a su hermana ya era toda una mujer, el gobierno le había dado la oportunidad de estudiar en el extranjero. Hacía cuatro años que no veía a su hermana. Ni siquiera había asistido a su graduación, ni a su boda.

Había cambiado mucho, ya no era una niña pequeña, era toda una mujer. Se había sorprendido de ver en su cabello nuevamente sus rulos, ahora lucía un vestido que le quedaba hermoso color a azul claro, su rostro ligeramente maquillado y sus infaltables tacones, que aun siendo más alta que ella amaba usarlos.

—No entiendo cómo es qué aún me llamas enana, siendo yo más alta que tú; yo debería de llamarte enana.—dijo con una sonrisa en sus labios.

—Eso sí que no, eres mi enana porque eres menor que yo, que hayas crecido un poco más no te salva de ello.—su hermana dio un paso a su casa y vio una sombra moverse tras de ella, un hombre alto hizo presencia en su casa.

Era guapo si, con sus ojos azul taciturno, cabello negro azabache, un torso ligeramente marcado y brazos fuertes detrás de un traje negro:— Él es mi esposo Lucca Coppola— sonrió y en un descuido de su esposo ella le leyó sus labios con "está bueno" causándole una estridente carcajada a su hermana mayor sumándole la cara de confusión de su cuñado que hizo que se sumara a su risa.

—Un gusto señorita Tessa— su exquisito acento italiano se hizo presente en su español, era totalmente claro cuando hablaba.

—El gusto es todo mío Lucca, por favor deja el formalismos somos familia—dijo tocando su delicada mano que aunque no era totalmente femenina, era suave como la de una mujer que nunca ha tocado el agua para otra cosa que no fuera bañarse.—¿quieren algo de tomar o de comer, encargué una pizza debe de estar por llegar?.—Lucca negó mientras se sentaba en mi nuevo mueble de manera elegante, su hermana se sentó a su lado y sonrió por lo irónico de la escena ella en vez de la dueña de la casa parecía su empleada.

—¿Cómo te fue en el viaje?— preguntó su hermana mientras su cuñado la miraba con ternura a la vez que pasaba un brazo por su cintura para acercarla más a él y si su hermana tenía razón ese hombre la amaba, se sintió afortunada de que su hermana viviera feliz en este país , en esta nueva vida.

—Apenas y llegue esta mañana—su hermana hizo una mueca de sorpresa.

—¡¿Estás loca?! Deberías de estar descansando, acabaste de llegar de un viaje muy largo y...

—Ya córtala Marie—la interrumpió—este es mi único espacio libre que tendré mientras me pongo al corriente con el trabajo además...

—¡¿Trabajo?!— Esta vez su hermana la interrumpió con un chillido, puso sus ojos en blanco. Tan dramática—¿pensabas contármelo al menos?

—Marie, deja el drama es obvio que sí, pero no sabía que mi controladora hermana menor iba a venir a visitarme el mismo día que llegaba.

—¿Me estás llamando controladora?—frunció el ceño cuando vio los ojos de su hermana llenarse de lágrimas, "¿qué demonios?".

—¿Marie?—llamó Lucca—¿Te encuentras bien principessa?-

—Sí, es sólo que...-—un sollozo salió de sus labios — la extrañé tanto y ella me dice controladora.

¿De qué demonios se había perdido?, su hermana estaba llorando desconsoladamente en el pecho de su esposo solo porque le había dicho controladora, eso era aún más extraño. Ellas siempre se trataron de la peor manera, con cariño, no entendía que le pasaba ¿acaso le habían lavado el cerebro a su hermana?

Una nueva sonrisa nació en sus labios. Ahora se sentía como parte de ella en casa.

Recuérdame Lo Que Es El AmorStories to obsess over. Discover now