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En un bosque, con maleza verde y exuberante creciendo por todos lados, iba una niña aferrada fuertemente a la mano de su madre. La mujer miraba constantemente hacia atrás, preocupada, como si la desgracia las estuviera persiguiendo.
En cambio, La Niña miraba feliz hacia el cielo, había una noche clarísima, con innumerables caminos parpadeantes de estrellas.
Era extraño, ambas en el mismo lugar sintiendo emociones tan distintas.
De pronto, la noche brillante se apagó, al mismo tiempo que aparecía un rayo en el cielo, ahora negro, y comenzaba a llover estrepitosamente, nublando la vista de la mujer y de su hija,
La mujer, sin dar explicación alguna, ni siquiera un leve "adiós", se echó a correr, dejando suspendida en el aire la mano de La Niña, quien intentaba inútilmente darle alcance, porque no podía moverse, una figura impresionantemente grande, temible y fuerte, la sostenía firmemente de la cintura.
La Niña lloraba desesperada, y gritaba incansablemente:
"Mamá, no te vayas! Mamá!.

Helena Donde viven las historias. Descúbrelo ahora