Lidiar con una muerte...
Con la de un familiar,
Solo por un estupido bien,
Por qué tenía que descansar.
La impotencia recorre mis manos frías como el invierno,
Pero que más se puede hacer varada en el infierno.
En el infierno de mi estupida y agonizante vida.
El saber que,
Por una estupida prohibición,
No tenías derecho.
NO PODIAS AYUDARLA.
NO PODIAS AYUDAR A NADIE.
Como el infierno puede arder y ser tan frío a la vez?
Por qué sigo agonizando si la partida de ese ser querido no afectó mi vida en absoluto?
Claro que solo es una parte de mi vida que se fue,
Una parte tan importante como mi vida misma.
Me pudieron llevar a mi,
Pero sería un acto tan egoísta que ni mi Dios imaginario me lo perdonaría.
Siendo juzgada como en el infierno,
Un pecado tan grande para mí,
Que el único castigo digno sería cargar con el arrepentimiento por la eternidad.
Un arrepentimiento inmenso,
Que ni el mismo Dios podría cargar.
Y todo porque la maldita desesperación que recorre mis venas,
Y esa adrenalina por miedo que se podría desatar solo viendo a Lucifer en persona,
Se manifiestan con pequeñas sesiones de llanto
En el frío y oscuro vacío de mi cuarto a media noche.
Pero no me queda más que aprender a vivir así,
Con miedo a que algo más pase y sabiendo que algún día pasará.
