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capítulo 1: un día como otro cualquiera

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El mundo ya no es lo que un día fuera.
Ella lo sabe, como sabe que su despertar no ha sido más que el comienzo de un nuevo día, uno que podría ser el último.

Frunce el ceño y mira el amanecer, el Sol naciente comienza a ascender, anaranjado, por entre un mar de incontables nubes que la noche anterior amenazaban con tormenta.
Recoge sus cosas: una mochila verde pardo llena de todo lo útil que ha ido encontrando con el tiempo, una escopeta larga con 5 balas que siempre lleva colgada al hombro y una pequeña libreta negra azabache a la que el tiempo no ha tratado demasiado bien.
Se queda durante un instante más, inmóvil en la ventana de la pequeña cabaña de madera que le ha servido de cobijo desde hace bastantes semanas y observa, a lo lejos, el paisaje despoblado y abandonado de lo que en su día fue una de las mayores ciudades de la humanidad. O es al menos lo que ella recuerda de aquel pasado ya tan remoto.

Fuera de la cabaña hace rasca, no tanta como la que hizo hace unos días pero la suficiente para que la sienta. Siempre ha sido alguien a quien el frío no le ha disgustado pero ahora, es diferente...

Camina a paso ligero hacia la ciudad en busca de algo, tiene el alarmante presentimiento de que en aquella ciudad hay algo más aparte de las provisiones que coge cada dos días. Pero no sabe el qué.

"Todo está muerto", piensa cuando observa de cerca el mismo panorama que lleva observando desde que se asentó en la cabaña, todo húmedo, ruinoso y lleno de una vegetación que sobresale por todos lados.
La persigue un incesante silencio sepulcral que solo son capaces de romper su respiración, el chapoteo de sus pasos y algún que otro pequeño animal salvaje que ronde por el lugar buscando a fin de cuentas lo mismo que ella, SOBREVIVIR.

Las horas pasan como las gotas de lluvia que caen sin cesar en el desolado lugar y ella lo sabe, al menos lo que se propuso para aquel día lo ha completado y le ha sobrado algo de tiempo, sonríe por ello, y ahora decide llegar a la cumbre del edificio más alto para observarlo todo y comprender o al menos intentarlo, el porqué es ella y no cualquier otra, la superviviente. Llega al tejado antes de lo que se esperaba y allí está, el atardecer. Aquel momento del día a su juicio era el mejor y lo observaba desde el mejor lugar, asomándose por la cara oeste del edificio y dejando flotar su alma más allá de hasta donde su vista alcanzaba. Los rayos del Sol le tocan el rostro y siente como el viento que sopla siempre en ese lugar le roza sus blanquecinas y peludas orejas en lo alto de su cabeza a la vez que le mece con suavidad el pelo hacia atrás, sus orejas, más grandes, peludas, alargadas y colocadas más arriba que las de los humanos siempre le habían traído problemas porque no eran iguales a las de estos. Pero aquello ya pasó y en aquel momento del día, con el Sol poniente ocultándose por el horizonte, apagando el nublado día para darle paso a la blanca Luna y con la lluvia cayendo lentamente sobre todo lo que sus ojos azules cian alcanzan a observar siempre con el mismo asombro que la primera vez.
A su derecha, el mar que parece infinito se pierde ya en la creciente oscuridad; a su izquierda, el resto de "la ciudad sin nombre" como ella la llama, se alza sin vida; y al frente, su pequeña cabaña escondida entre los árboles y más allá, un enorme bosque de pinos que solo se detiene con las altas montañas de las cimas blancas que son como todos los días la tumba del Sol.
Para ella el tiempo se detiene siempre en ese punto en el que el Sol solo es una simple línea y aunque aquel día no lo vea con los ojos, lo siente, siente como muere dejando en oscuridad su parte del mundo, mientras en la otra nace y acabará muriendo, resurgiendo como un fénix en su cara del mundo. Algo que piensa se repetirá eternamente hasta que su oscuridad se la lleve.

Las farolas empiezan a encenderse y ellos a despertar, es por eso que no le gusta la noche. Es por eso que la teme.

Mira su colgante, la gema dorada aún brilla poco, es decir, aún tiene tiempo.

Empieza a ponerse nerviosa, pero son nervios que le gustan, si su padre siguiera vivo bien que le habría dicho que no jugara con fuego porque podría quemarse aunque ella le habría respondido que "quien algo quiere, algo le cuesta"; no sería la primera vez que le va a pillar el toro o que va a tener que huir e intentar dar esquinazo a alguna de las "criaturas de la noche".

Tras bajar los 15 pisos ve a su "carrito de la compra" esperándola impaciente y algo que le hiela la sangre, la ciudad empieza a tomar el aura que les caracteriza. Ya no es seguro ir por las calles. Mira de nuevo con inquietud la gema de su colgante y ahí está, el brillo está aumentando y ya brilla tanto como una vela de aceite, estan a punto de llegar a la fase dos y eso ya es ligeramente preocupante para su huida, se percata que ha tardado demasiado en bajar, que se ha quedado hasta más tarde del atardecer y eso no es muy recomendable, siempre le pasa y si ese no es el día llegará el día en que lo pague caro por quedarse demasiado tiempo en las alturas. Recuerda haber visto un camino tras el edificio en el que se encuentra y se dirige a el a la máxima velocidad que le permiten sus piernas y el carrito de hierro que ha cogido prestado de la tienda de dos manzanas más allá con las provisiones preparadas por ella algunos días atrás.
El camino embarrado tras una pared derruida de la cara norte del edificio más alto de la ciudad muestra su escapatoria y mejor aún, ninguna de esas sombras ha llegado allí aún, mientras tanto la luz de su colgante ya le ilumina casi tanto como una bombilla normal y eso solo indica que la fase dos está a punto de empezar y eso la preocupa un poco, aunque si sale de la ciudad, lo demás es pan comido.

Las enormes y alargadas telarañas cuelgan desde el edificio hasta el árbol más cercano dejando y sellando el sendero por el que corre sin pausa. Y a lo lejos, tras la espesura del bosque las luces de lo que una vez fue el puerto están empezando a hacerse visibles tras la frondosa vegetación de arbustos y árboles que la separa de la costa y por consiguiente del mar.
Corre más rápido.

Al fin está a la altura de la entrada oeste a la ciudad y entonces ve a uno de ellos a unos 30 metros, está despaldas mirando hacia el interior de un edificio en ruinas, está formado por una especie de masa gelatinosa translúcida, es oscuro como el carbón y sonríe. Piensa que no la ha visto.
Tiene un animal retorciéndose en el brazo o algo que recuerda a un brazo, intentando huir de esa especie de masa gelatinosa que lo engulle sin que pueda hacer nada, piensa que puede que sea un cervatillo pero el pensamiento no llega muy lejos cuando el ser abre la boca llena de dientes afilados, cinco veces más grandes que los de un tiburón y lo devora, sin más.

No se queda allí para ver aquello, corre como nunca y entonces un pensamiento crítico sale de su mente, esos seres pueden llegar a oír el carrito de las provisiones, insegura por si la han escuchado mira a todas direcciones sin encontrar nada. Aún no la han oído, pero ya no va a tentar más a la suerte, deja el carrito en mitad de lo que en su día fue una carretera ahora cubierta de malas hierbas y pequeños arbustos que crecen por las grietas y decide volver mañana a por el, cuando las criaturas de la noche vuelvan a su madriguera y el peligro haya pasado.

Ya en su cabaña, observa con atención desde el cristal de su habitación las luces de las farolas que iluminan la ciudad como si todo aquello que ha pasado fueran historias de una loca o un loco con alguna nueva paranoia que se le hubiera ocurrido. Pero sabe que eso es imposible, nadie predijo la gran catástrofe mundial y ahora está sola, completamente sola. Perseguida por la que es ahora la nueva raza dominante.
Esconde bajo su camisa de nuevo su colgante que ya brilla tanto como una antigua luz LED y duerme con su escopeta bajo el brazo como todas las noches, deseando fugazmente volver a estar como antes y que cuando despierte todo aquello no sea más que una terrible pesadilla.
Cierra los ojos y duerme profundamente, como hace tiempo que no duerme...

Cuando despierte de nuevo al amanecer, una nueva batalla contra la muerte vendrá y para cuando llegue, espera estar preparada.

Continuará...

Por un día más...Histórias para pegar e não largar. Descubra agora