– No puede cazar aquí, señor, será mejor que se retire–. Dijo el anciano guarda bosques.
– Claro que puedo, es invierno y hay manadas de lobos por doquier. Es la mejor época del año en este pueblo para cazar–. Dijo con un tono de indiferencia.
– No debería, buen hombre–. Insistió el anciano. – dicen que cuando el bosque se viste de blanco, tiñe su velo de rojo.
– Yo no creo en leyendas urbanas, mejor hágase a un lado o esta bala ira directo a su frente–. respondió finalmente malhumorado. Recargó su arma y disparo contra la fiera que acechaba.
– Bueno, ojo por ojo y diente por diente–. Dijo el anciano mientras su cuerpo de transformaba en una bestia peluda.
