Prefacio

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Y ahí estaba, mi amigo, una de las pocas personas favoritas y más queridas por mí en este mundo, al que consideraba mucho más que un simple amigo o mejor amigo; lo consideraba como si se tratara de un hermano de sangre, en el que creía que los sentimientos fraternalistas eran mutuos; sonriendo frente a mí, demostrándome que todo lo vivido junto a su persona, no había sido más que una  vulgar mentira, una falacia con todas las de la ley; y justo en ese momento, en mi interior comenzó a prenderse la llama de la ira(una ira que no había sentido jamás por más desengaños que había vivido a lo largo de mi corta, pero intensa vida), el tipo de ira que se siente cuando la persona en la que más confías te falla y se regodea en la confianza que has depositado en su persona, una ira que por muchísimos años que pasará tardaría en extinguirse, pero si llevaba a cabo mi peor pesadilla, destruir al ser que más he amado en este mundo, esa ira por mucho tiempo que pasé jamás se extinguirá; podrá acabarse la vida del planeta y esa ira seguir existiendo por los tiempos de los tiempos, sobreviviendo al nacimiento y crecimiento de todos los planetas del espacio conocido y que queda por conocer. Esta pequeña ira que se había prendido a base del engaño en el que hasta hoy no me había dado cuenta de su existencia, se iba haciendo más fuerte y volviéndose más fuerte, como cual fuego en el Inframundo (o como lo llaman los cristianos el Infierno, el lugar donde se queman a las almas que en la Tierra han cometido pecados y no se han redimido de ellos), mientras el que había considerado como un hermano seguía hablando, creyendo estúpidamente, que no me había dado cuenta; primer error suyo: subestimarme, creer que por el amor que crees que te sigo procesando, y en su día  procesé, no habría represalias, clásico error de la gente que me traiciona...

EternoMga kuwentong kahuhumalingan mo. Tumuklas ngayon