Ya era tarde para la cita que tenía, salí corriendo de mi departamento, medio arreglado, llegué pronto a la estación del metro en el cual se tardó mucho en llegar, la tarde era muy agradable, hacía un clima templado con sol, los pájaros cantaban alegremente y los niños jugaban a la pelota como siempre lo hacen. Llegué a la cafetería con la que había acordado con esa chica, me quedé a esperarla unos veinte minutos, después de eso me decidí a comprarme un café debido a su demora.
La cafetería era un lugar con muy buena iluminación, se notaba que lo limpiaban y la luz era blanca pero de alguna forma no molestaba a la vista.
Mientras esperaba en la fila, noté que el señor que estaba delante de mi estaba algo mayor pero bien vestido, con un traje echo a la medida, zapatos bien lustrados, barba bien cuidada que medía unos 3 cm y pelo largo con algunas canas que le hacían dar un aspecto de sabio, pero no se veía descuidado, se veía como un empresario. El señor estaba un poco preocupado, buscaba por todos lados como si no encontrara algo, buscaba dentro de su saco, sus bolsas del pantalón, me acerqué a el y le pregunté.
-"¿Qué ocurre, se le perdió algo?"
A lo que el respondió.
-"Si, mi cartera, hace unos momentos la tenía conmigo, no se donde la habré dejado y sin ella, no puedo pagar el café"
-"Ah, es eso, no se preocupe, yo se lo pago"
-"Muchas gracias buen hombre"
Procedí a pagar los cafés cuando el señor me dijo algo que me sorprendió.
-"Muchas gracias, Delior "
Eso me sacó mucho de onda, por que nunca le había dicho mi nombre, procedí a preguntarle como sabía mi nombre, pero me dijo que primero platicáramos un poco y ya me lo diría.
Estaba muy curioso por saber como es que sabía mi nombre, así que acepte sentarme con el a hablar, nos sentamos y me preguntó si estaba esperando a alguien, le dije que si, peor que no habría problema, todavía no llegaba la chica, entonces le pregunté el como es que sabía mi nombre, a lo que me respondió que eso me lo diría después que primero quería conocer al chico al que le debía dinero por el café, le dije que me llamaba Delior y que tenía 25 años, estaba terminando la carrera y que hoy iba a conocer a una chica en esta cafetería pero que aún no había llegado, me preguntó que si era la primera vez que me habían dejado plantado, le dije que no, que solía pasar seguido, que no era muy bueno con las chicas debido a que siempre estaba ocupado y con un poco de inseguridades. Me preguntó sobre mi infancia y que como la recordaba, le dije que tuve una buena infancia, rodeada de amor y felicidad, que había recuerdos muy bonitos, como la primera vez que pude andar en bicicleta yo solo, o cuando metí una canasta en el aro de baloncesto, ese tipo de cosas me llenaban de felicidad, y siempre era agradable recurrir a esos recuerdos cuando me sentía abrumado o estresado.
El señor escuchaba atentamente y siempre se dirigió a mi de una manera respetuosa lo que me daba confianza, además de que el señor emanaba mucha confianza de alguna forma, es por eso que decidí contarle varios aspectos de mi y a parte parecía sabio y que había vivido muchos años, así que decidí seguir contándole acerca de mi.
-"¿Hay algo de lo que alguna vez te hayas arrepentido?" me preguntó
-"Seguramente de no haberle hablado a esa chica en la preparatoria"
-"No, me refiero a que si hay algo que no te deje en paz, que te gustaría volver en el tiempo y arreglarlo"
-"Deme un momento para pensar" fue cuando un escalofrío me recorrió por la espalda y procedí a contarle.
-"De cuando era un chico de 16 años, era un mal agradecido, arrogante, que solo se la pasaba pensando en si mismo, dije muchas cosas que hirieron a los de mi alrededor, en especial a mis seres queridos..." suspiré "en especial... en especial a mi padre ", con lágrimas en los ojos voltee a ver mi taza de café agachando la mirada, observé como en el café se reflejaba mi silueta, era la misma que la de mi padre en sus tiempos de juventud, eso me hizo ponerme más triste, el señor me dijo.
-"Oye hijo, si eso te pone triste no me lo cuentes"
-"No, esta bien, se lo contaré" Me sequé las lágrimas y procedí a contarle
-"Un día, me enojé con mi padre, le dije que no podía controlarme y que yo no pedí haber nacido, salí enojado de la casa y me fui un largo rato, mi padre se fue a trabajar, y cuando regresé a casa fue cuando desee nunca haber dicho eso o haberme enojado con el, no lo culpo, era un chico muy esclavo de sus impulsos, actuaba con la cabeza caliente, y creía que podía hacer lo que quisiera con el mundo... era un completo idiota. Cuando regresé a casa, me dijo mi madre entre lágrimas que mi padre había muerto en un accidente automovilístico, en ese momento me quedé en shock, y ahora me arrepiento de haberme enojado con el." tras haberle dicho esto, rompí en un llanto inconsolable, el señor de acercó y me abrazó.
-"Hijo, tranquilo, todos hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, no queda más que aprender de nuestros errores y no repetirlos"
Entre lágrimas le dije -"Lo se, pero si no hubiera sido impulsivo, no me sentiría tan mal y es una culpa enorme con la que cargo hasta hoy en día"
-"Mira hijo, la vida es como una esfera, que va rodando, aveces nos da penas y otras alegrías, pero no nos dice cuando"
Esas palabras me reconfortaron bastante, me devolvieron el aliento y de alguna manera el habérselo contado, me hizo sentirme mucho mejo, como si mi alma hubiera descansado.
