Obscuro Amanecer. (Parte 1)

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"Agua" era en lo único que pensaba Rafael mientras tosía, ya que la sensación agobiante de levantarse con la garganta reseca le causó un ataque de tos, pero el no poder respirar fue la razón de haberse despertado tan abruptamente. Al salir de la cama una repentina sensación de cansancio invadió su ser, junto con un extraño presentimiento que de inmediato le hizo querer salir de ese lugar; descolocado intento guiarse en la oscuridad, apoyándose con sus manos de los muebles mas cercanos, sintiendo como con cada paso su mente se desvanecía, al momento de abrir la puerta su cuerpo no pudo más, la poca percepción de su alrededor se hizo nula de inmediato, venido de un intenso mareo que le hizo caer de rodillas al suelo, a lo que lastimosamente trato de reponerse, alcanzando solo a inclinarse para sin más comenzar a vomitar. Cuando por fin se liberó de esa amarga agonía, abrió los ojos y miró como lo que había salido por su boca, lentamente se esparcía por el suelo, dándose cuenta enseguida, que ahora se encontraba en una versión mas deteriorada de su hogar; aquel pasillo se veía iluminado a duras penas con la decadente luz del exterior que se asomaba por la ventana, luz que también invadió su cuarto, pero que ni siquiera volteo a ver, pues ignorando lo aflictivo que se encontraba se puso de nuevo en pie, para aún convaleciente ahora ir a buscar algo con que diluir la amargura en su garganta. El notar tan drástico cambio lo asocio a su estado medio despierto, como si el mal sueño aun no terminara del todo. El final de dicho pasillo le hizo llegar hasta la cocina, cosa que sin dudar en entrar tomo dirección al fregadero, ya frente a el, rápidamente intento abrir el grifo, cuya manija se encontraba más apretada de lo acostumbrado. La llave de pronto cedió; y con ello sus ansiosas manos se ubicaron por debajo para empezar a beber, aunque tristemente ninguna gota calló en sus dedos, esto paso a carecer de importancia, ya que en ese momento se percató de un extraño tatuaje ubicado en la palma de su mano.

—No me gusta nada esto —Se alcanzo a oír la voz de un hombre afuera.

—No tienes que entrar, además sólo salen de noche —Otra persona respondió, a la ves que la puerta principal rechinaba al ser abierta.

Básicamente eran dos extraños irrumpieron en su casa, cosa que junto con el raro sentimiento de no poder reconocer su propio hogar, le hizo optar por arrinconarse dentro de un cuarto adjunto a la espera de no ser encontrado.

—Tu solo espérame en la puerta —Los pasos de aquel hombre crujían ya que algunos pequeños trozos de cristal se encontraban en el suelo.

Rafael tras esconderse en aquella habitación se vio prácticamente entre las cuerdas, y por lo que pudo oír, dedujo enseguida que si aquel sujeto de alguna manera se arriesgaba por el simple hecho de entrar, este estaría muy atento y preparado; en efecto aquel hombre se movía con relativa cautela, revisando a cada paso los empolvados y deteriorados muebles, buscando detalles que le otorgarán alguna información. Aun así, el solo escuchar que se adentraba cada ves mas, le recordó un detalle que había dejado de lado, detalle que aquel intruso encontró al inspeccionar un pasillo, el mismo en donde nuestro protagonista dejó una fresca muestra de su abrupto despertar. El hombre al ver esto decidió seguir con su exploración, recorriendo el pasillo hasta llegar a la cocina.

—Que asco.

Rafael se limitó a solo escuchar, pendiente a cada movimiento del desconocido, pasos que cesaron de momento, ya que aquel sujeto miraba detenidamente el fregadero.

—Ojalá el agua fuera suficiente.

Palabras que alcanzó a percibir, antes de escuchar nuevamente el agudo quejido de la manija que hace nada el había abierto.

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