La adrenalina corría por el cuerpo de Joel, tomó su pistola con ambas manos apretando con fuerza y disparó. El cuerpo inerte de aquel infectado que lo perseguía junto a su compañera, cayó desplomado al suelo y un inmenso charco de sangre salía por detrás de su sien, que lo adornaba a la par.
— ¿Estás bien? —preguntó Tess, mientras se pasaba su brazo desnudo por su cabeza tratando de quitarse el sudor mezclado con sangre muerta.
— Sí, lo estoy —contestó a secas, tratando de recuperar el aliento y estabilizando su pulso cardíaco— Vayámonos de aquí, ya me estoy cansando de esta mierda.
— Concuerdo.
La pareja de contrabandistas tenían una misión clara:
Atrapar a Robert.
Y ningún civil o infectado se iba a interponer en sus caminos, en todo caso, estaban sujetos a eliminarlos.
Habían optado por una vía de entrada peligrosa para llevar a cabo su objetivo, salir al exterior, ya que en el interior de la Zona de Cuarentena se estaba llevando una gran carnicería entre los soldados del lugar y los militantes de las Luciérnagas que habían asaltado el espacio para recuperar a sus hombres secuestrados y la toma de sus suministros.
Ambos, creían que sólo era cuestión de tiempo para que la zona cayera en manos de los rebeldes que estaban hartos de la tiranía de los militares, como había pasado en Pittsburgh y en otras zonas vecinas. Pero antes de que aquello ocurriera, iban a saldar cuentas con el imbécil de su proveedor y por esa razón, estuvieron a punto de morir a causa de sus estafas comerciales y por un par de infectados que los habían atacado con anterioridad.
— Hey, Joel.
— Tess.
— Revisemos el lugar antes de irnos, puede que haya algo útil —continuó quejándose de haber gastado las pocas balas que tenía dentro del cartucho de su pistola— Estoy hasta la mierda de munición.
— Tienes razón, iré a revisar por allá.
El viejo contrabandista no pensaba quedarse en ese edificio por mucho tiempo, temiendo que algún infectado apareciera por el lugar y que su máscara de gas que lo protegía de las esporas infecciosas, se le acabasen los filtros de oxígeno.
Subió las escaleras desgastadas de aquella construcción que ya tenía sus años, y se dirigió a la habitación de su izquierda. Abrió la puerta con sumo cuidado y en alerta, para encontrarse del otro lado solamente, con una vieja habitación de oficinas solitaria, con el papel color vino de la pared desgarrado de manera bestial y un gran hueco delante suyo por donde pasaba la tenue y cálida luz del sol.
Lo único que pudo divisar, era que habían unos cuántos cartuchos de pistola esparcidos por el suelo, los tomó y los examinó para ver si estaban en perfectas condiciones de ser usados como repuesto en una próxima ocasión, y así fue. Tomó todos los que pudo agarrar con las palmas de sus manos y los metió en sus bolsillos. Pensó que Tess estaría orgullosa de su hallazgo y esbozó una sonrisa complaciente para sí mismo.
Antes de irse de aquella habitación en la que no había nada más que su presencia, notó que sus desgastadas botas estaban pisando algo, y lo estaba arrugando y ensuciando a su paso. Retiró su pie y se agachó para alcanzarlo.
Era una carta, y a juzgar por su apariencia, estaba amarillenta por la suciedad del suelo.
Joel, la tomó con sus manos y con un esfuerzo sobrehumano respecto a su edad para intentar leerla, concluyó por el primer párrafo de esta que se trataba de una carta para un hermano.
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forgotten stories • [🍂]
Fanfiction- [❗] ; narraciones situadas en el universo de the last of us. . . . Tras el transcurso de la desgarradora aventura de Joel en los Estados Unidos para encontrar a las Luciérnagas, irá encontrando en su camino, diferentes historias a la suya que pron...
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