Duraznos Frescos

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A Morgan le gustan los duraznos desde que tenía memoria. Son suaves, dulces y de un hermoso color entre naranja y rojo.
Ame era como un durazno.
Su cabello rojizo como el algodón, sus ojos un profundo azul cielo, una piel suave y clara como el chocolate blanco. Amaba abrazarlo, besarlo y mimarlo.
Ame era indescriptible a veces, podía pasar de una canción cursi y romántica a una de rock, ver una película de Disney y pasar después a una de suspenso, le gustaban las novelas policíacas, fantásticas, de misterio y terror, para después de haber leído una de la última categoría dormir abrazado a un peluche, uno de sus hermanos o animales que tenían como mascota. Gustaba tanto de dulces suaves como picantes.
Su panecillo anaranjado sabía tomarse las cosas en serio, ¡pero era tan adorable cuando hacía pucheros y tenía ese dulce y cómico comportamiento infantil!
Lo quería mucho, desde que se conocieron aquel día en la escuela de camino a clase de historia, su amistad se fue convirtiendo poco a poco en algo más.
Ame lo había aceptado como era, había aceptado sus gusto de vestir, había aceptado sus errores y sus pensamientos, de una manera que ninguna otra persona lo había hecho. Cuando el miedo del rechazo al darse cuenta de lo que sentía por el toco su corazón, Ame lo notó, y no solo lo aceptó sino que también lo correspondió.
Morgan ama a Ame, y hará todo para que su relación tenga un final feliz.

*Nota de autor: buenas pequeños conejitos, como podrán notar esta es mi primera historia así que puede que no sea muy buena, de todos modos la iré corrigiendo poco a poco, ¡muchas gracias por leer!
Se despide: El Gato que lee

Duraznos y Petricor (Momentos)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora