Conozco a una chica, es como una maldición, nos queremos el uno al otro, ninguno romperá primero. Tantas noches tratando de encontrar alguien nuevo no significan nada, comparado con ella.
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"Desearía poder decirte que eres todo lo que quiero."
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Su llanto era incansable, era un tipo de llanto sereno pero doloroso, si no estabas en ese momento, ahí con ella, no la notabas. Pero, obvio, Pedro estaba ahí, estaba más que nunca, estaba todo lo que no estuvo en mucho tiempo en su vida, estaba ahí con ella. Presenciando la amargura del llanto de Angie.
Nunca, en toda su vida, pensó que iba a ser así. Angie siempre soñó con ese momento, con volver a encontrarlo, con poder decirle que no lo había olvidado. Con poder decirle "te amo" una vez más. Pero nunca se imaginó así.
Sus lágrimas eran saladas. Podía sentirlas dentro de su boca, por debajo de su lengua, sus lágrimas saladas deslizándose por toda su boca. Recorriendo desde los ojos a los pómulos, de sus pómulos a sus mejillas, desde sus mejillas había una bifurcación: o su boca, o su mentón. Si llegaban a su boca terminaban regresando a su cuerpo, siendo tragadas y regresando, irónico, ¿no? Regresando como Pedro lo estaba haciendo en ese momento.
Regresar. Muchas personas viven perdiéndose entre problemas, hasta en algunos casos en problemas inventados por su propia imaginación; problemas que nunca existieron. Pasa que uno se rompe, pero se rompe en serio, y cuando, después de tanto sentirse un tipo de boomerang al que pueden alejar y tenerlo de vuelta en sus manos. Bueno, después de eso, después de llorar, de sentir que la culpa viene de uno, después de todas las facetas, de imaginar problemas no creados, de estar al pendiente de que esa persona te vea, de que te registre al menos, después de sentir que lo superaste, pero en realidad no, después de toda la bronca que agarrás, después de eso llega el orgullo. Y después del orgullo, llega un momento en el que decidís seguir adelante, en el que pensás y te das cuenta, de que no puede ser más insignificante de lo que poco a poco se va volviendo. Y cuando menos lo esperás... PAM. Vuelve. Vuelve y te hace entender que no, que el sentimiento sigue ahí, que en realidad no superaste nada y darías lo que fuera para recomponer las cosas.
Pedro la abrazaba, no sabía qué hacer, no sabía cómo demostrarle que lo único que quería, y que siempre quiso en el mundo fue tenerla, tenerla en sus brazos. No sabía, y no tenía manera de explicar la estupidez que había hecho, pero quería recomponer las cosas.
—No.— fue lo único que se oyó salir de los labios quebrados de Angie. Lo dijo, pero lo dijo en seco. "No" podía significar millares de cosas, pero en ese momento, con esa voz, mirándolo como ella lo hacía, el "no" estaba más que aclarado en la situación.
Pedro permaneció mudo, no tenía nada en su defensa, y ella estaba en todo su derecho. Se separó un poco de ella para poder ver su rostro, el cual estaba empapado de lágrimas. Cuando Angie notó que él la estaba mirando, alzó la cabeza, y la boca poco a poco fue formando un "no" que no fue necesario emitir, porque él lo había entendido. Se levantó y se fue. Las cosas nunca son color de rosa, nunca son como las pintan.
"¿Por qué nos hacemos pasar por este infierno?"
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