«La cuna del mundo ha caído sobre sí,
todo el peso de la humanidad se ha quebrado:
la lluvia trajo la inundación . . .
ATLAS,
CONSTELACIÓN HA SIDO LIBERADA.»
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arte gráfico-«unlimited fog» de mike winkelmann.
arte fotográfico-de trunsin ark.
arte...
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Lluvia, luces, calor sulfúrico . . . la conexión estaba apenas comenzando. Una a una cada luz en toda la estela de la ciudad se encendía, ardía, se interconectaba con el mundo y pasaba la señal a cada miembro de Constelación—corría, corría como una pequeña liebre, pero rugía con la fuerza de un león. Rojo, naranja, amarillo, cian, azul, verde—la conexión lograba alzarse en todas las luces de las torres de hierro, las agujas del cielo electrónico.
La unión se había logrado, ahora, cada uno podría acceder al núcleo de Regulus, indicando que la evolución estaría por iniciar.
Atlas sabía que su cerebro biomecánico no resistiría una conexión tan prolongada, pero daría lo que fuera por completar la unión.
Al insertar la inundación, nadie sabría qué sería de la conciencia de cada persona.
—Cor, Artemisa y Apolo ya están en posición. Sólo esperamos la inundación. A tu señal, Atlas.
—Ahora se decide todo, una vez abierta la conexión toda la ciudad será accesible para todos, debemos dejar caer las murallas.
El tiempo había llegado, el mundo estaría apunto de caerse sobre sí mismo, de mutar y evolucionar. Poco a poco, el cerebro de cada persona de Constelación se uniría a la constante corriente de información de la red central y el cerebro de Atlas sería el ancla de toda la apoteosis.
En el centro de Constelación, el furor de las personas se alzaba, la protesta por la completa liberación de las minorías oprimidas había iniciado.
A través de las calles se olía el metal de los centinelas y los mecánicos—los bullicios de los oprimidos, los hombres, mujeres y personas sin género alguno, todos en protesta de los bloqueos de pensamiento libre, aspiraciones y libertades de género y sexualidad. La música sonreía en las avenidas y entre los artilugios de control colectivo que El Tribunal había repartido por las calles.
El Tribunal había dictado su palabra, dentro de la muralla cada persona debería regirse por el instituto. Censura, odio y represión sus principales doctrinas.
Y Regulus, el grupo de cyber-rebeldes de Atlas se encargaría de derrumbar las murallas, de abrir el centro de Constelación a todos sus habitantes.
El Tribunal se había encargado de encarcelar y re-programar a cada persona capaz de alcanzar la libertad de pensamiento, sexualidad y humanidad. Miles de personas de diferentes creencias y memorias fueron borradas del recuerdo de Constelación.
—Lograré que las personas se unan, lograré que El Tribunal nos acepte.
Y así comenzó. El código inundación fue insertado a la red madre, y el cerebro de Atlas se inundó de toda la información del mundo. Era una lluvia electrónica, una red de conexiones simbióticas y dolorosas—una a una, cargadas a la cuna de memoria de Atlas, y entonces, de forma automática, su programa se apagó.
Oscuridad, cero absoluto, vacío, velocidad de ruptura—en un instante, miles de millones de conexiones se activaron, de estrella a estrella, cada luz de Constelación se preparaba para explotar. Sería hermoso—un arcoíris opalescente de energía y una infinita e indestructible cantidad de conexiones humanas y mecánicas a la vez.
El reloj del tiempo se detuvo, las personas olvidaron su nombre, olvidaron su lengua, su rostro. Y entonces vino—El Diluvio y El Terremoto. El mar de información. Constelación ardió en luz de nuevo, todos ciegos ante la revelación. Fue magnífico.
Atlas inició su protocolo. Sería tiempo de dejar caer la tierra sobre sí misma. Y así lo hizo.
Sin intención alguna, cada muralla de Constelación se arrodilló, las torres de hierro, las agujas que tocaban las estrellas, el brillo de neón, la voz metálica de los centinelas de control.
El Tribunal había perdido todo control sobre sí.
Un ardor recorrió la calles, el grito animal de cada ser viviente se activó, nadie nunca estaría preparado para recibir una conexión igual—casi divina. Una a una, las calles se vinieron abajo, los edificios palidecieron, y la multitud perdía el conocimiento y el significado de la existencia—todo . . .
Y llovió.
La luz aumentó, y el arcoíris de Constelación se volvió un eco torrencial. La lluvia de información arrebataba los protocolos dictaminados por ElTribunal. Cada torre brilló tanto que sus luces explotaron. Constelación se volvió un gran cúmulo de gigantes que ardían en las olas de la inmensidad.
La red había iniciado, la nueva era había comenzado.
Y Atlas había trascendido. Su conexión se volvió primordial para la consciencia colectiva de Constelación. Ahora todos podrían sentir lo que él sentía, ver lo que él veía, y ser cada una de las personas de la ciudad, todo al mismo tiempo.
La historia del tiempo y de la humanidad se dobló y cada persona pudo comprender, sentir y ver al pasado, al presente y fluir con la energía de la red. Todos crearon un nuevo lenguaje y el conocimiento se volvió universal. Cada identidad fue compartida, cada emoción, sensación, recuerdo. Los nombres de cada persona fueron liberados en el infinito mar de humanidad. Ahora todos conocerían el nombre de todos y cada uno.
El silencio se levantó por kilómetros.
Y entonces la voz de Atlas retumbó en la mente de cada quien y repitió al arcoíris ardiente de la ciudad:
—Hoy, los libero. Yo, tú, nosotros, todos. Somos libres. Seremos siempre libres. Estamos todos unidos. Somos nada y somos todo.
Y el flujo de información inundó a cada persona. Y todos se volvieron estrellas.
Todo en menos de una milésima de segundo.
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