Hermosa enredadera que trepas por todo mi cuerpo,
trepas como la seda hasta que llegas a mi cuello,
y cuando se te antojan tus deseos
es ahí donde aprietas todo el tiempo,
Hay veces que accedo y otras no tanto,
y cuando no lo hago te ciñes de tal manera
que no encuentro el aire y me atraganto.
Hermosa enredadera con espinas,
para los demás ridículamente inofensiva,
al llegar la noche me lastima
clavándome lentamente sus cuchillas.
Con solo oprimirme no te basta,
que incluso me humillas y me aplastas,
y nunca cesas de abrirme heridas,
heridas que sangran y no se marchan.
Hermosa enredadera, algún día me desenredaré de tu tallo,
arracancándote de mi cuerpo excesivamente magullado
e huiré de tí liberándome de tantísimo daño.
