PRÓLOGO

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El año en que se producía la gran peste por todo Europa, esa que arrasaba con parte de la población y amenazaba con extenderse, estaba tratando de ser detenida.

Se escuchaban los apresurados pasos sobre los pasillos de una gran fortaleza. Él joven que iba de prisa, entró golpeando una puerta dejándose ver frente a una mesa con varios hombres. Se exaltaron ante la entrada del joven.

— ¿Qué te trae ante nosotros con tanta angustia muchacho? —preguntó aquel hombre al centro de la mesa.

Él, con el poco aire que le quedaba después de tal carrera, habló:

—Ellos están aquí señor —.

Los hombres de aquel lugar se pusieron de pie con rostro de asombro, preparándose para aquellos que esperaban.
Por la puerta entraron tres hombres, estos con rasgos distintos en ellos, pero, con una pequeña peculiaridad, el iris en sus ojos. Portaban un brillo sin igual, mostrando colores distintos: el primero portaba un color morado, el segundo uno azul y el último uno verde.

—Hemos recibido su carta —le dijo el hombre de ojos verdes— necesitamos toda la información posible para detener esto —.

El hombre que parecía ser el líder de aquel grupo en la mesa, tomó una espada envuelta que se encontraba a un lado de él y la puso sobre la mesa.

—Nosotros no podemos continuar, hemos perdido cientos de hombres y se siguen perdiendo vidas, no tenemos más opción que rendirnos ante él —le dijo el hombre sobre la mesa.

El hombre de ojos azules se acercó un poco a aquella mesa y con seriedad, pero antes de intentar algo, él hombre de ojos verdes lo tomó del hombro diciéndole:

—No lo hagas Gabriel... —

Gabriel observó a todos los que rodeaban la mesa y dio un fuerte golpe partiendola por la mitad.

— ¡Nos hicieron venir desde lejos! ¿para anunciar su retirada? —dijo con gran seriedad— ahora más que nunca necesitamos aliados, pero veo que son ¡unos cobardes! —.

Al terminar de hablar, se acercó a ellos, lo cual los asustó, pero solo tomó la espada que quedó entre los restos de la mesa, se dio la vuelta, y se fue con los otros dos hombres. 

Salieron de aquel lugar sin dejar de hablar, Gabriel le preguntó al hombre de ojos verdes mientras seguían avanzando:

—Sabes de alguien más que pueda ayudarnos con esta tarea, Rafael —.

— Lamentablemente no hermano, ellos eran el último grupo de caballeros completo que quedaba en la lista —.

Esto desconcertó totalmente a Gabriel, hasta que el hombre de ojos morados interrumpió:

—Miren eso... —

Se detuvieron por un momento observando a un grupo de jóvenes que entrenaban cerca de ahí. Aquellos jóvenes entrenaban principalmente con arcos, espadas, hachas, y algunos escudos.

Se acercó Rafael a ellos muy entusiasmado pues creía que era una señal. Al estar frente a los jóvenes les preguntó:

— ¿Para quien pelean valerosos jóvenes? —.

Uno de aquellos jóvenes, quien parecía estar a cargo contestó:

—Peleamos para el pueblo señor, descubrimos que el rey es un desertor y renunciamos a su causa —.

Esto puso un rostro de alegría en los tres hermanos a lo que Rafael les dijo:

—Nosotros somos los que lideramos el frente, y a quien servía su rey —.

Aquellos jóvenes al escuchar esto gritaron:

— ¡Son los luceros! —

Todos los jóvenes voltearon, tomaron su arma y la alzaron.

—Bueno, tenemos un equipo —dijo Rafael.

La batalla que libraron llegando al límite de la peste, fue a gran escala, la lucha entre la humanidad y las bestias. Los jóvenes estaban dominando a las bestias gracias a las armas que brindaron los hermanos, lo cual ocasionó que se retiraran poco a poco las bestias, lo que enfureció a su líder. Aquel ángel caído, quien desesperado tomó la forma de la que tanto se hablaba en los escritos: un enorme dragón de siete cabezas, grandes cuernos, afilados dientes y una fuerza descomunal. Ésto desconcertó un poco a los jóvenes valerosos, pero fue aquí donde entraron los hermanos, aquellos a los que llamaban los "luceros", estos pelearon hasta disminuir las fuerzas del ángel caído, acercándolo a la trampa que lo llevaría a su fin.
Todo el plan seguía su curso, uno de los jóvenes portaba La Espada forjada para eliminar cualquier criatura de todo plano existente, haciéndolo nada. Lograron llevar al ángel caído cerca de una estructura rocosa, lo cual ayudó al joven que portaba la espada para lanzarse sobre una de las cabezas de la criatura, clavó la espada sobre ella haciendo que el caído lanzará un gran ruido. El joven seguía desplazándose sobres las demás cabezas repitiendo el proceso, haciendo que aquella bestia perdiera cada vez más fuerza. Fue ahí cuando cayó al suelo, quedando solo una cabeza más, aquel joven sin duda y valeroso corrió para eliminar la última, levantó la espada para apuñalar el objetivo, se generó una gran explosión de luz por todo el lugar cegando a todos por unos instantes. 

Al regresar la visibilidad, observaron que ya no se encontraba rastro de la bestia ahí, instantes después lanzaron un gran grito de victoria:

— ¡LO LOGRAMOS! —.

Los hermanos, a los que llamaban los "luceros" se observaron entre ellos con alegría y se dijeron:

— Lo lograron... —.

Aquellos hermanos se dieron cuenta que la batalla que habían librado por siglos solos, la podían haber librado desde el principio con esa ayuda. Y desde ese momento, ellos comenzaron a reclutar jóvenes valientes, siendo está la primera generación para eliminar a aquellas bestias que quedaron por el mundo.
Generación tras generación nombraban a la Academia de una sola manera, dejando así el título de Orígenes.

ORIGENES: ACADEMIA CONTRA EL MIEDOStories to obsess over. Discover now