El sol entra por el gran ventanal de mi habitación directamente en dirección a mis ojos, desearía haberme dormido al revés o haber cerrado esas grandes cortinas black out la noche anterior, pero al parecer estaba muy cansada como para pensar en esos detalles. Llegué al hotel con mis padres alrededor de las 22:00 horas luego de viajar unas veinte horas en coche. Cenamos un sándwich, y fuimos a descansar, ellos a su habitación y yo a la mía, para comenzar hoy nuestras tan ansiadas vacaciones.
Hoy iremos a la playa, está a pocos metros de nuestro hotel, eso me emociona casi tanto como el hecho de que es la primera vez que tengo mi propia habitación de hotel para mí sola. Salgo de la cama «que es tan cómoda como decía esa reseña de Internet» de un salto y miro por el limpio cristal de la ventana. Es un día soleado, sin una sola nube a la vista, el mar está muy calmo... Siento algo de lástima por los que gustan de surfear, pero no es mi caso. Me dirijo al sanitario para asearme y luego encontrarme con mis padres en el bar de abajo.
El desayuno es con bufet libre e incluye alimentos propios tanto del desayuno continental europeo, como del americano. Mis padres se sirven una taza de café con una gran torre de panqueques bañados en caramelo debo decirlo, me da un poco de asco ver todas esas calorías desparramadas en un solo plato de desayuno. Yo opto por un jugo de naranja y, de permitido, una rebanada de pan integral. Llevo tantos meses cuidándome para llegar en forma al verano que sería un despropósito estropearlo todo en apenas un desayuno.
Quizás sea muy temprano, o quizás seamos pocos los huéspedes dado que recién comienza la temporada, pero en el salón hay pocas personas. En la esquina junto a la gran maceta, una pareja y sus hijos, que no paran de llorar y hacer desorden. En el centro, bajo la imponente araña «que se encuentra apagada», dos ancianos toman el té mientras leen el diario y cruzan algunas palabras.
Mi padre se levanta a buscar una segunda porción de esa monstruosidad calórica generando que mi madre se ría y me susurre: Aprovechemos que viene incluido. Le devuelvo una sonrisa y vuelvo a fijar mi mirada en aquel mesero al que estoy observando desde hace rato.
No entiendo su propósito, ya que cada persona se sirve a sí misma... pero no lo miro por eso, si no porque me parece muy lindo y, la verdad, muy sexy con ese uniforme de chaleco blanco y pantalón de vestir negro que cae perfectamente por su gran trasero.
Es alto y de complexión normal, su cabello es castaño claro ceniza tirando a rubio, la verdad es difícil describir su color... lo lleva corto y prolijo, dejando ver una pequeña cicatriz en su cuello por debajo de su oreja. Sus ojos son marrones como la miel recién salida del panal, sus dientes alineados y blancos. Su sonrisa es de otro universo.
Ojalá todos los hombres entendieran la importancia de una sonrisa -pienso. Con esa sonrisa podría pedirme cualquier cosa y sería imposible negárselo -sigo pensando. Y su trasero, ese culo... con eso también sería imposible negarle algo...
Desde que cumplí 17 años me excito mucho más al mirar hombres. Quizás porque en la noche de mi diecisieteavo cumpleaños debuté sexualmente, o quizá porque desde esa misma noche de hace cinco meses me masturbo casi a diario. No fue el debut que soñaba. No hubo velas aromáticas ni caricias previas, nada de amor o dulzura, y menos que menos, un príncipe azul.
Lo que hubo, fueron muchos tragos, que mezclados con la música a todo volumen, luces de colores y ese insoportable flash que hace que todo vaya en cámara lenta, hicieron que mi cabeza y mi estómago me jugaran una mala pasada y tuviera que correr al baño, el que como de costumbre cuando es una urgencia, estaba ocupado.
Pero era mi casa y mi fiesta así que poco me importó e igual entré, y atropelladamente coloqué mi cabeza sobre el inodoro para vomitar.
Después de varias arcadas me percaté que al lado del lavamanos se encontraba un muchacho desconocido con sus pantalones bajos y su pija al aire mirándome desconcertado, y arrodillada a su lado, una muchacha también desconocida mirándome con cara de pocos amigos.
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Blue
RomanceLuego de varios años difíciles, Blue y sus padres finalmente pueden tomarse sus soñadas vacaciones. Esta muchacha nunca imaginó que en ellas descubriría sus más oscuros deseos y su hambre de sexo.
