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Jaemin soltó un suspiro frente al tablero de anuncios de la facultad, su estómago gruñó, pero ya no supo si era por la angustia o por el hambre que tenía. La convocatoria para matricularse al semestre venidero ya había sido publicada, y el precio de inscripción tenía unas buenas siete cifras que hasta el semestre anterior no parecían un gran sacrificio. Pero hoy, Jaemin no tenía un trabajo estable que se ajustara a sus horarios, y con sus insuficientes calificaciones, solicitar una beca era impensable; tampoco quería pedir dinero a sus padres porque de hacerlo, ellos solicitarían un préstamo, y ni siquiera la mafia coreana estaría a su disposición por el montón de deudas que tenían ya. Dejar la universidad tampoco estaba en consideración, Jaemin amaba su carrera y le había costado que sus padres aceptaran que lo estudiara lejos de casa como para abandonarlo así porque así.

―Oye, Nana ―Jaemin se encogió por la palmada de su amigo en el hombro; está más débil, más cansado, más harto de esa vida―, ¿vamos a comer algo?

―Lo siento, Hyuck, debo terminar mi análisis para Park ―mintió. Aunque sí debía terminar el trabajo final de su clase de dirección de arte, la verdad era que no tenía un centavo encima y a Donghyuck le gustaba ir a restaurantes caros, y no, él no podía permitirse eso.

Esperaba no pensar en los manjares que seguramente Donghyuck iría a comer, mientras él se conformaba con alguna sopa instantánea y un poco de agua.

―Tienes que relajarte, Jaemin, no has dejado de trabajar en esa cosa desde hace un mes. Anda, vamos a comer... es más, si quieres podemos mejor ir al Heaven en la noche. ¡Es viernes de barra libre!

―No tengo ganas, Hyuck, de verdad ―replicó y caminó hacia la salida, dispuesto a dormir para engañar a su estómago.

Jaemin no iba a mentirse a sí mismo, moría de ganas por salir a divertirse, bailar toda la noche, beber o simplemente comer algo rico y tomarse un café, pero no iba a gastarse lo poco que le quedaba en un capricho que le costaría el mes entero sin comida cuando apenas podía costearse un desayuno ligero.

―Vayamos a almorzar, yo invito ―y aunque intentó no mostrarse como un aprovechado, no pudo evitar que se le hiciera agua la boca al pensar en la oferta de su amigo. Donghyuck se detuvo a su lado y le miró preocupado―. Por favor, Jaemin, vamos. Te ves cada día más delgado y con esas ojeras pareces un cadáver. ¿Crees que no me he dado cuenta de que te ruge el estómago cada hora durante clases?

―Solo compartimos unas pocas clases, eso no ocurre siempre ―Jaemin tragó duro, respirar se le hizo más pesado ahora que había sido descubierto. La mirada severa del moreno le hizo entender que no podía engañarlo e intentó no llorar para no dar lástima, así que solo apretó los dientes y sonrió―. Está bien.

― ¡Muy bien! Conozco un lugar que seguramente te gustará.

―De acuerdo...

Ambos chicos caminaron hacia la salida mientras Donghyuck, el mayor de ambos, pedía un taxi. El servicio llegó a los cinco minutos, y el chico moreno se metió después de él. Jaemin no quería decir nada, podía sentir un poco de tensión con su propio amigo, producto de la reciente falta de confianza que el moreno se había esforzado en disipar. Hyuck siempre le invitaba a su dormitorio para comer chucherías o pedir a domicilio, pero el castaño tenía esa tonta idea de estar aprovechándose y lo que menos quería era terminar siendo una molestia para su mejor amigo.

―Pareces un poco estresado ―murmuró Donghyuck en un intento de invitarle a contarle sus problemas, pero Jaemin no lo haría, al menos no en un taxi.

―Son los finales ―respondió restándole importancia a su preocupante situación.

No dijeron nada más hasta que llegaron al centro comercial, Donghyuck pagó al conductor y luego se adentraron lo antes posible para disfrutar del aire acondicionado. Jaemin pensó que irían al área de comida rápida, pero en su lugar se dirigieron a otra ala de la plaza en donde había restaurantes de todo tipo. El mayor de ambos eligió uno de comida italiana y el maître les recibió con una sonrisa, aunque Jaemin no pasó por alto la mirada desdeñosa que el hombre le dirigió de soslayo, y era obvio, después de todo desencajaba su facha de estudiante con la mochila desgastada y el aspecto cansado; contrario a Hyuck, que vestía casual, pero sin perder el estilo.

Distaste | nominDonde viven las historias. Descúbrelo ahora