Espejo del alma
Era octubre, un viento helado soplaba sustituyendo el sofocante calor del verano, las hojas de los arboles ya se habían marchitado y eran marrones otras se arremolinaban en el suelo sobre las calles dando saltitos. Cassandra Lancaster caminaba en dirección opuesta al viento dejando que su cabello negro se agitara en el aire y golpeara contra su cara. Se abrazó a si misma tratando de pegar el viejo abrigo sobre su diminuto cuerpo. Era seguro que no tardaría en caer una nevada, Estanlya era más fría por esa época del año; tanto que poco faltaba para que le castañearan los dientes.
Una fea gárgola la observaba desde el techo de una vieja casa, estaba parada sobre las tejas de color naranja sacando su lengua viperina y la agitándola en su dirección, torciendo la boca en una mueca grotesca.
- Atrápame si puedes – dijo mientras ella se aseguraba de que nadie estuviera cerca para mirar – ven aquí guardiana de juguete –
Cassandra saco una daga de plata de su abrigo y apunto con ella hacia la gárgola.
- ¡Momo ven aquí ahora! Te he estado buscando toda la mañana – le reprocho.
Momo descendió con sus alas de murciélago extendidas y se quedó de pie en medio de la calle, dando saltitos innecesarios sobre los adoquines.
- quiero irme a casa. Este lugar me asusta.
Cassandra bajo la daga con alivio para mirarlo con desaprobación.
- ¿estas asustado? Yo debería estar asustada de solo mirarte, es lo que los niños normales hacen, se asustan al mirar un...
- ¿monstruo? ¿Aun piensas que soy un monstruo? – Se cruzó de brazos y camino de un lado a otro raspando el suelo con las garras de sus diminutos dedos – guarda esa daga, te ves ridícula.
Cassandra metió la daga dentro de su abrigo con todo el cuidado que pudo y temiendo cortarse con su afilada hoja mientras la regresaba a su funda. Si su padre se enteraba si llegaba a darse cuenta de que había tomado esa daga del sótano de la casa a escondidas y la había llevado a Estanlya, era seguro que se molestaría. Se lo había advertido una y otra vez "no toques las armas del sótano".
Momo se acercó unos cuantos metros, moviéndose de un lado a otro con incomodidad haciendo un gesto horrible y dejando que sus puntiagudos colmillos sobresalieran de su boca, su cola delgaducha parecía azotar el suelo con ferocidad como si estuviera castigándolo a propósito.
"Lo lamento" quiso decir, pero las palabras se atoraron en su garganta. Esa sencilla frase no era suficiente para ser perdonada, no después de lo que había hecho, no después de haber llevado a la gárgola por la fuerza a la tierra de los guardianes, un lugar que podía significar el fin para Momo, ese era el único destino que les aguardaba a aquellos que había sido exiliados y se atrevían a regresar.
- no quise llamarte monstruo – dijo con fingido desinterés - trate de buscar una palabra más agradable pero hoy no me siento creativa. Yo...
- ¿habría hecho diferencia?
Cassandra ya caminaba de regreso por el mismo camino por donde había llegado.
- Momo. Si no vienes, te quedaras aquí – la gárgola extendió sus alas y se dejó de llevar por el viento hacia ella.
- ¿volverán a Virginia esta noche? ¿volveremos a casa? – pregunto Momo tratando de mostrar la menor emoción posible.
Cassandra suspiro con resignación – no es que tengamos muchas opciones. papá quisiera quedarse, pero Gideon Deveraux no le está poniendo la cosa demasiado fácil.
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la leyenda de los guardianes
FantasyEl mundo de Cassie se desploma cuando sus padres desaparecen y son acusados de traición por el consejo de los guardianes; una sociedad secreta destinada a proteger la magia del mundo. Traicionada por Caleb el chico que creyo era su mejor amigo y por...
