Fue a voluntad.
Voy a admitirlo siempre.
Me entregue por decisión propia.
No me obligó ni me obligue.
Cuántas bocas no hemos bebido y una, una de esas, posee el elixir divino.
Te bebí.
Disfruté cada bocado de ti.
Hasta cuando tenías tus manos estrujando mi corazón, yo seguía fascinada.
Sentía morir, y acepté morir así, que tú fueras mi perfecto asesino.
Después me resucitabas.
Te volviste adicto a matar-me y resucitar-me.
Todo ese poder que te di.
Mis lágrimas las absorbía tu piel mientras me hacías el amor.
Sabías que sufría.
Sabías que disfrutaba.
Sabías que era tuya en plenitud.
No te reserve nada.
Me jacto de no reprimir nada.
Año, tras año, siento toda tuya.
Año, tras año, limitándote a tenerme.
Noches de odio y pasión.
Amaneceres de amor y despedidas.
Te esperaba. No llegabas.
Te buscaba. Te dejabas encontrar.
Te pedía que te quedarás, cuando ni siquiera te despedías.
Fuiste dueño.
Fui esclava.
Todo, eso decidí ser para ti exclusivamente.
Arrogancia, quisiste ser para mí.
Y como sucede realmente.
Un día, en esos amaneceres de amor y despedidas, te quedaste.
Decidiste quedarte.
Dar todo.
Ser todo.
Y yo, yo ya no tenía nada.
Nada.
Te sentiste sin poder.
Temiste.
Mi viejo amante arrogante, creíste que yo era una -siempre-.
Mi ser se conmueve por ti.
Siento tu perdida.
Siento tu miedo.
Siento tu confusión.
Siento tu vulnerabilidad.
Así me tuviste.
Así me entregue.
Vas a agonizarme viejo amante.
Vas a buscarme.
Vas a desearme.
Vas a llorarme.
Vas a sufrirme.
Vas a pensarme.
Vas a necesitarme.
Vas a maldecirme.
Vas a odiarme.
Y peor aún, vas a amarme.
Ya te lo aseguro querido mío.
Y yo, ya no tengo nada para ti, ya todo lo di mi viejo amante.
Año, tras año.
Beso, tras beso.
Orgasmo, tras orgasmo.
Lágrimas, tras lágrimas.
Risas, tras risas.
Dolor, tras dolor.
Traición, tras traición.
Infidelidad, tras infidelidad.
Mi viejo amante, ese poder que creías tener, siempre fui yo quien te lo dio.
Solo yo.
Oh mi querido, vas a morir por mí.
Mi último acto de bondad por ti es mi indiferencia.
Por fin, después de un largo viaje, el poder está donde pertenece... en mí.
