Ahora entre estas líneas me ubico para contarte mi historia, mi nombre es Anna y aun recuerdo el día que salí de casa en busca de una mejor vida. Fue triste pero no imposible y ahora que me encaminó navegando en este barco, se que las cosas pueden llegar a ser mejores.
Hay muchas personas aquí, parece que todos se conocen menos yo.
Lo único que me traje de casa fue un viejo amuleto de oro.
Mamá me lo dio para que así lo vendiera y me diera de comer un par de días, y aunque le suplique que se lo quedase, ella se negó.
Aprieto contra mi pecho ese amuleto y añoro ver el rostro de mi madre, que si no hubiera sido por nuestra supervivencia, yo no estaría haciendo este viaje.
Mi hermanita Sally, una pequeña de 6 años con ojos cafés muy virachos, siempre tuvo muchas enfermedades pero eso no le impidió ser feliz.
Mi tío Aaron, un viejo cascarrabias que cuando estaba de buenas siempre contaba buenas historias en la mecedora del patio de la casa.
Mi perrita Copo de Nieve, era de color blanco y nariz parcheada, recuerdo que un día jugaba Con Sally cuando vi que pasaba un circo de animales.
En seguida vi a Copo de Nieve desfalleciendo, y siendo maltratada. No me atreví a acercarmele, era muy tímida.
Pero en cuanto en circo pasó, dejaron olvidada a Copo de Nieve y fue ahí donde la rescatamos.
Comía harina de maíz y agua. Eramos muy pobres, pero era lo mejor que podíamos darle.
Mi padre murió cuando Sally era una bebe y mi mamá casi nunca hablaba de el.
Y por último mi madre, una mujer fiel y luchadora, con una terrible asma que no la dejaba vivir pero aún así ella trabajaba como criada en una casa beneficiada.
Aún así, el sueldo no nos alcanzaba para pagar el alquiler de la casa pero aun así sonriamos de vez en cuando.
Pero un día dejamos de hacerlo y fue cuando la calamidad llegó por completo a la casa y se quedó por más de 3 años. Mi tío Aaron adquirió una enfermedad en los pies y se los amputaron, quedando así sin poder trabajar y ayudar a mi madre.
La pobre no sabía que hacer, bueno, nadie sabía cómo.
Hasta que un día, estaba sentada en el pórtico de mi casa enrollado hilos de lana cuando vi pasar unos extranjeros que venían en grupo.
Pregunté a donde iban.
Se dirigían a Rise falls, un enorme pueblo más allá de las montañas, donde la gente pobre podía superarse, donde la gente y la economía eran amigos.
No sabía que tan lejos era pero tenía curiosidad.
Y no sólo eso, mi familia estaba en decadencia, si hubiera una forma de darles estabilidad lograría sacarlos de la pobreza, a mi madre, a todos.
Esos viajeros inquietaron mucho mi alma y no pude dejar de pensar en Rise falls desde entonces.
En la cena mi madre preparo un caldo ralo, era todo lo que teníamos, mientras todos se sentaron a comer yo veía el momento oportuno de proponer mi idea, me encontraba inquieta.
-Mamá...- me dirigí hacia ella.
Ella solo elevó la cabeza en señal de que prosiguiera, no dejó de comer.
Yo tenía ciertas dudas pero aún así me animé.
-¿Haz pensado en viajar a otro lugar?
Mi mamá dejó su bocado y me miró.
-¿Viajar? ¿A donde?- dijo mi mamá muy burlista, como que si lo que le dijera fuera un chiste.
-Hay un enorme pueblo más allá de las montañas, dicen que cualquiera puede superarse allá.
-Que bueno para las personas que están allá- me dijo muy conformista.
Entonces decidí callar.
Mi tío Aaron se dio cuenta de lo que quería decir y después de la comida hablo conmigo.
-¿Quieres irte? - me dijo directamente con sus ojos profundos y cuestionantes.
-No es precisamente eso.
-¿Entonces?
-Quiero encontrar otra forma de sacarlos de la pobreza, si tan solo pudiera llegar a ese pueblo y establecerme, no tendríamos de que preocuparnos.
-Pero eres solo una niña de 17 años, ¿que podrías hacer tu?
-Ya no soy una niña, se que puedo tío, solo necesito que mi madre confíe en mi.
- A mi no me digas eso, convencela a ella.
Su argumento no me había parecido del todo pero tenía que hablar con mi madre.
Ella estaba afuera, en el pórtico, pelando dos patatas.
-Mamá... - me le acerqué.
-Dime. - dijo ella sin dejar de pelar las patatas.
Mi mente no estaba lista en sí decírselo o no, pero a final tuve un salto de fe y le dije:
-Quiero viajar.
-¿¡Que dices Anna!? - dijo mi madre mirándome fijamente con el ceño fruncido.
-Que quiero viajar.
-¿Y hacia donde?
-A Rise falls.
-¿Que tienes en la cabeza niña?
-Mamá... Pienso que si yo puedo viajar hacia allá puedo establecerme económicamente y...
-Olvidate de eso.
-¿¡Porque?!?
-Anna eres muy joven, y es un viaje muy peligroso. Podrías morir en el camino, es cierto no tenemos mucho dinero pero vivimos.
-¿¡A esto le llamas vivir!? ¡Mamá apenas y existimos, esto no es vivir! ¿con sólo dos patatas piensas que comeremos todos?
- Así ha sido siempre y nos ha tocado acostumbrarnos.
-Pero puede ser mejor. Mamá confía, se que no me tienes mucha fe pero se que puedo cruzar esas montañas y darles una mejor vida.
-¡Es un viaje muy peligroso!
-¡Se que puedo defenderme!
-¿Y como sabes que llegaras a Rise falls con vida? Tienes 17 años, estas flaca, parece que un viento puede romperte. Podrías desmayarte en el camino y ¿quién te recoge?
-No deberías ser tan egoísta--dijo mi tío Aaron desde afuera.
-¿Que dices, Aaron? - reprochó mi madre.
-Digo que no deberías ser tan egoísta, si esta niña puede salvarnos de la pobreza ¿por que no darle la oportunidad portunidad de que lo haga? Tu no estarás siempre Edith y yo ni siquiera sirvo para algo. Deberías pensar en Sally también, ella es muy pequeña y creo que no quisieras que siguiera creciendo en estas miserias.
Mi tío Aaron me estaba apoyando, me sentía bien sentir un apoyo y mi madre aun no convencida me dijo:
-¿Segura que puedes tu sola con los peligros de allá afuera?
-Se que puedo mamá, solo te me fe.
Ella me abrazo y dijo llorando:
-Esta bien...
Algo en mi se estremeció y mi alma se hacía blanda.
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Diario De Un Viajero
Adventure¿De qué sirve todo esto si no vas de la mano conmigo?
