Una mañana de año bisiesto cayó una lágrima del cielo.
Aterrizó en la orilla del mar donde un granito de arena jugaba a ser una ola y crear tempestad.
La lágrima era ligera como una mota de polvo y dulce como la pulpa de los cocos donde el granito de arena dormía las noches de lluvia, brillaba como una gota de rocío y su risa era musical como las piedritas que llevaba el río.
Tenía los ojos profundos como el mar y el rostro cristalino como el cielo.
El granito de arena se acercó con curiosidad.
—¿Quién eres tú y por qué estás en mi playa?
La lágrima miró al granito.
—¿Quién eres tú y por qué estás bajo mi cielo?
—He estado aquí desde antes del tiempo y nunca te vi en el cielo.
—Estuve cuando nació el día y nunca te había visto.
—Es porque soy un granito en el océano, por eso no me viste.
—Es que yo soy el cielo, me ves tanto que no me conoces.
La lágrima de cielo y el grano de arena rieron cuando la brisa sopló. La lágrima juró no perderse en mar y el granito prometió no irse en la próxima ola. Se juraron eternidad aunque no sabían cuánto duraba una eternidad.
Una tarde mientras jugaban entre las cayenas el granito de arena se posó en un pétalo y miró a la lágrima.
—No eres una gota de lluvia—sentenció—, los gotas salen de las nubes y el cielo estaba tan azul como el mar el día que tú llegaste. Y yo conozco a todas las gotas de lluvia, y siempre se van cuando sale el sol.
La lágrima se deslizó hasta el centro de la flor.
—Soy una lágrima y vengo del cielo, no de este cielo azul sino del cielo con diamentes y algodones que ves cuando se va el sol. Era un diamante pero quise bajar a conocer el mar que veo todos los días desde que el fuego forjó las montañas. ¿Cómo llegaste a la playa?
—Siempre estuve en la playa—replicó el granito—, pero antes era diferente. Era una roca más grande y pesada, breve como un minuto, antes de que los peces volaran entre los corales; bailaba con otras rocas al ritmo de la marea hasta que me hice pequeña como los segundos. Cada vez que quiero ver algo nuevo en el mar me hago más pasajero como un instante pero siempre estaré en la playa.
El granito de arena le contó a la lágrima cuánta arena había en el mar, y cuántas gotas de mar cabían en un sueño.
La lágrima le contó al granito de arena cómo el sol salía por el horizonte cada mañana esperando poder abrazar a la luna.
La lágrima y el granito contaban las estrellas de mar y dibujaban en las palmeras, jugaban a irse lejos y volvían con el río a lugar donde se conocieron. Dormían entre la pulpa y el coco, cantaban a la luna y soñaban con plumas de gaviotas y tinta de arrecifes.
Eran felices.
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Estrellitas & arena
FantasyDicen que si cuentas las estrellas sabrás cuánta arena hay en el mar y la brisa te contará la eternidad en un instante.
