La primera vez que lo vi, estaba lloviendo.
No era una lluvia fuerte. Era de esas que parecen caer con cuidado, como si el cielo tuviera miedo de hacer demasiado ruido.
Caminaba por una calle que no reconocía.
A mi derecha había casas antiguas, todas diferentes entre sí, con ventanas iluminadas y pequeños jardines que parecían demasiado cuidados para ser reales. A mi izquierda, entre los árboles, podía ver el lago.
No sabía cómo había llegado ahí.
Tampoco sabía dónde estaba.
Pero, extrañamente, no tenía miedo.
El aire olía a tierra mojada y a algo más dulce que no conseguía identificar. Las gotas de lluvia se acumulaban en mi cabello y resbalaban por mi frente. Llevaba una blusa clara y unos jeans que definitivamente no recordaba haberme puesto.
Seguí caminando.
No sabía hacia dónde iba, pero tenía la sensación de que debía hacerlo.
Como si alguien me estuviera esperando.
Doblé en una esquina y entonces lo vi.
Estaba de pie al final de la calle, junto a una pequeña cafetería cerrada.
No llevaba paraguas.
Su cabello estaba mojado y algunos mechones oscuros caían sobre su frente. Tenía las manos dentro de los bolsillos de una chaqueta negra y observaba la calle como si llevara mucho tiempo esperando.
Cuando nuestras miradas se encontraron, dejó de mirar a su alrededor.
Me miró directamente a mí.
Y sonrió.
No una sonrisa grande.
Solo una pequeña, tranquila, como si acabara de confirmar algo que ya sabía.
Me detuve.
Él no.
Caminó hacia mí.
Uno.
Dos.
Tres pasos.
Y cuanto más se acercaba, más familiar me parecía.
No sabía quién era.
Estoy segura de eso.
Y, sin embargo, había algo en su rostro que me producía una sensación extraña. Una familiaridad que no podía explicar.
Como cuando escuchas una canción después de mucho tiempo y, antes de recordar la letra, recuerdas exactamente cómo te hacía sentir.
Se detuvo frente a mí.
—Llegaste tarde.
Fruncí el ceño.
—¿Perdón?
Su sonrisa desapareció un poco.
—Pensé que no vendrías.
—¿A dónde?
Miró alrededor.
—Aquí.
Solté una pequeña risa, más por nervios que porque hubiera algo gracioso.
—No sé dónde estoy.
—Sí sabes.
—No.
—Todavía no.
Lo miré durante unos segundos.
Definitivamente era raro.
Pero lo peor era que yo estaba teniendo una conversación perfectamente normal con él.
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Lo que la noche recuerda
Romance¿Qué pasa cuando la persona que encuentras en tus sueños parece recordarte en la vida real? Alessia lleva años soñando con Oliver, un chico al que solo conoce mientras duerme. Pero cuando ciertos detalles de sus sueños comienzan a aparecer en su vid...
