para empezar no e escrito nada antes en mi vida, pero en mi mente ya desde hace algunos años e estado ideando una hisotria o mejor dicho serie de historias dentro de un mundo de fantasía mediaval, tomando elementos del mundo real y teniendo un enfás...
El padre Jairus siempre fue un hombre despistado y poco lúcido, nunca podía mantener una conversación sin cerrar los ojos o rezar en murmullos, siempre fue así desde el día en que lo conocí, cuando empezaba ya su labor de sacerdote en el pueblo, pero sé que en su vida no siempre fue así.
Su apariencia era poco amistosa, con los ojos rodeados de ojeras por no poder dormir o por sus noches de insomnio, donde recorría el pueblo sin rumbo o propósito alguno y nunca hablaba con nadie en esas noches, tenía manchas en la piel, tal vez por alguna enfermedad de su niñez, era calvo y eso le ayudaba a que sus manchas se notaran incluso aún más, cuando no llevaba sus sombreros a la hora de dar la misa.
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La mirada siempre pérdida, concentrada en puntos vacíos del espacio, se le veía como en trance conectado a otro mundo separado del nuestro, aún con todas estas características el era un hombre fuerte alto peculiarmente alto un metro 20 diría yo, un gigante entre desnutridos campesinos, también era fornido, sobreviviente de una vida de esfuerzo y lucha, en algunas ocasiones al final de la misa se le notaban cicatrices en los antebrazos, aunque no en las manos.
20 de agosto de 1536 campo cerca de Delemónt:
Capitán Hugo Bosshart Brandenberger: -¡rápido clavad las estacas! ¡la caballería imperial se acerca!, -sargento Elías - ¡coño que no hay tiempo venimos cansados de marchar y nos encontramos con otro batallón imperial válgame dios estamos agotados! - Callaos y dile a tus hombres que claven esas estacas alrededor de los ballesteros si no quieren luchas sin apoyo ¡valga!, En este día casi por mera coincidencia dos agotados ejércitos se encuentran en una escaramuza que ninguno podía costear, los dos ejércitos se retiraban ya de la batalla de Moutier, donde se habían visto en necesidad de emprender la retirada por las grandes bajas sufridas, ahora por orden de ambos generales estos dos ejércitos ya agotados de la marcha deberían de encontrarse otra vez en una contienda que definiría quién regresaría a casa.
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¡Aquí vienen, mantened la formación!, gritaban los oficiales a la infantería que rodeaba la colina donde se posicionarían los ballesteros y los 3 cañones que tenía lo que quedaba del batallón sueco, la caballería imperial sin más remedio, con la imposibilidad de flanquear , de rodear la colina o las formaciones de picas de infantería. Debería cometerse en un ataque frontal, lo cual no sería gran problema gracias a sus experimentados caballeros que aparte de ser habilidosos cargaban con una armadura de coraza completa que les permitía recibir golpe tras golpe sin siquiera perder el aliento.
Pero antes de esta devastadora carga las tropas imperiales formarían una larga línea de fuego junto con sus mercenarios lansquenetes, esta rodearía un flanco de la colina y aseguraba que sus disparos golpearían a la mayor cantidad de suizos posibles, 2 salvas dispararían, suficientes para debilitar las líneas de picas suecas, para que al fin la caballería cometiera una carga frontal más segura.
Erguidos y de píe estarían los orgullosos piqueros suizos, listos para frenar a la carga de caballería imperial, como nunca puede faltar los oficiales dan sus discursos y se ondean las banderas, todo con tal de levantar el espíritu de fuerza de los hombres de los cuales casi ninguno saldría con vida en ese día.
Un soldado sobresalía de los demás, su armadura no se parecía a la de nadie alrededor de el, a la de ningún sueco en el batallón para ser más precisos, llevaba un tabardo con símbolos que nadie reconocía, símbolos como los de una antigua casa noble que ya no existe, debajo del tabardo se notaba una larga camisa de cota de malla, también llevaba un casco tipo caldera, un bevor que cubría su cuello y que a la vez complementaba a su casco, sus brazos estaban cubiertos completamente, llevaba puestas unas hombreras, guardabrazos, codales, avambrazos y guanteletes, estos protegían completamente a sus 2 extremidades. Su armamento era peculiar llevaba un escudo redondo de metal algo pequeño y un braquamante, espada muy peculiar para un soldado suizo.
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A pesar de estas grandes diferencias demostraba ser un soldado ideal, seguía órdenes, era bueno luchando, sabía mantenerse en formación y nunca se quejaba, bueno en realidad casi nunca hablaba solo a la hora de comer o cuando necesitaba alguna especie de asistencia, lo cual mantenía a los comandantes de cuestionarlo o expulsarlo del ejercito por su aparente falta de semblanza con el resto de los soldados, como un extranjero en un país nuevo solo que el parecía estar en casa.
Ya era medio día cuando la batalla había empezado, desde temprano los suizos y fuerzas imperiales habían levantado sus campamentos para seguir emprendiendo la retirada e irónicamente solo para encontrarse de nuevo en otra lucha. Si tan solo los hombres pudiéramos resolver las cosas hablando de vez en cuando……
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