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Ya era definitivo, hoy lo iba hacer, la semana pasada había mandado las invitaciones y hoy estaba terminando de comprar lo necesario.

Miré mi reloj, las 4 en punto, en dos horas todos iban a llegar así que me apresuré a llegar a mi casa.

Una vez ahí guardé todo lo que me iba a llevar en un maletín, me puse un traje y preparé todo para la fiesta, en si no era una fiesta formal pero quería ser recordado como el loco del traje, la casa estaba lista, la música sonaba y había mucha botana, eran cuarto para las seis, el primer invitado llegó, me pregunté quien podría ser y abrí la puerta.

Era Lane, mi antigua secretaria, la saludé con un abrazo y la invité a pasar, ella hablaba y hablaba, yo no la escuchaba, solo podía pensar en que ya iba a ser la hora, mi maletín estaba en el baño, listo para sacarlo. Dieron las seis, Lane estaba sentada en el sillón, abrí la puerta y visualicé a unas seis personas, la verdad no recordaba sus nombres pero me resultaban familiares, los dejé pasar, total, mientras más personas mejor, a las siete la fiesta estaba en pleno apogeo, Había unas doscientas personas en la casa, tomando y comiendo, hablando riendo, bailando y fajando, ya era la hora, el sudor escurría por mi cara, la corbata me asfixiada y solo podía pensar en la libertad.

Me escabullí al baño, miré mi maletín en la bañera y también me miré al espejo, estaba pálido, mi piel tenía un toque enfermizo, me armé de valor y tomé el maletín, me metí a la bañera y abrí la pequeña ventana que daba a la calle, lancé el maletín por ahí y escalé para salir.

Caí de cara en la tierra pero me levanté y sacudí mi ropa, tomé el maletín y saqué los cerillos, caminé hacia los arbustos que se encontraban a unos metros de mi casa y metí la mano para sacar un galón de gasolina, volví a la casa y comenzando por la puerta lo rocié todo con el combustible, mis invitados estaban demasiado ocupados bebiendo que no se dieron cuenta, tomé un cerillo y lo acerqué a la gasolina, mi casa se llenó de fuego, oía los gritos de mis invitados al ser quemados vivos.

Casi sentía lastima por ellos, casi, después de todo se lo merecían

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