Cuando el ardor de tus palabras
sabotearon mi mente,
supe que el silencio de la distancia
hizo su juego en mi único lamento,
que tras las espinas del dolor
se dejó notar tranquilamente.
Y es que el sentimiento
que dejas bajo mis alas,
tu ausencia hace la dosis letal
asi mis ojos se vuelven mares
y mis mejillas la rampas de su dolor
tan agudo, tan agudo,
solo me deja respirar tras el cristal.
Siento ese vacío en mi espalda
saludando a mis cosquilleantes temores a viva voz,
¡Oh! dulzura de mil palabras,
derrite el hielo sólido entre nosotros
y devuélveme el corazón que con esmero te hizo convertir de la muerte, su os.
Coquetea con el alma que danzante
corrió a tus brazos,
aquella que con la daga
salpica el suelo ardiente del infierno,
es simple el describir
el panorama infernal para tu lejanía,
puesto que mi cuerpo te espera
para despertar en el blanco invierno,
de mi cabeza dura que tus lamentos no llegan para decir un adiós.
No he de despedirme aún
rosa de pétalos castaños,
salvaje es el esplendor que tus perlas muestran en una sonrisa,
vida eterna a tu amor,
vida eterna a tu esplendor,
cautivame mil y una vez,
has imposible mi huida,
mi dulce serpiente
de palabra caída.
