Encuentro inesperado.

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Un día de viernes, como cualquier otro, terminaba por cumplir sus responsabilidades, y de pronto una serie de mensajes muy interesantes le llegaban, causaron una sensación muy fuerte en él, como si tuviera escalofríos, de esos causados por una mordida en el lóbulo derecho de su oreja, se le salió una sonrisa y comenzó a contestarle, sin dejar opción de malentendidos, aquella persona fue lo más sincera y directa del mundo.

Su gran amiga le comento que ya no habían más secretos que ocultar, su cuerpo le llamaba de forma inconsciente, y su alma clamaba por poder verle, el asintió a sus invitaciones, y decidió acompañarle durante la noche, su mente estaba clara, él quería estar ahí, temía estar ahí y moría por estar ahí inclusive, no era cualquiera, era la persona de la cual se estaba enamorando, y rechazar su compañía, sería el mayor de los errores que jamás podría cometerse.

Preparaba sus cosas y se dijo a sí mismo que ese día sería inolvidable, decidió soltar todo lo que lo privaba de ser feliz y decidió ese mismo día entregarse completamente a otro ser humano, olvidando cualquier recuerdo y cualquier momento de dolor que alguna vez pasó por amar a una persona, su mente clara y su alma prendida en fuego de colores, y su aura azul se manifestaba de forma extraña, parecían las olas del mar, buscando chocar con la tierra.

Se aproximó el encuentro después de un viaje donde solo pensaba en hacer feliz a dos personas, el por su parte, quería liberarse de tanta culpa, y olvidar aquellas responsabilidades morales que alguna vez defendió, por otro lado una persona sonriente y llena de deseos, le esperaba para disfrutar de su calor humano, y disfrutar de sí misma, siendo quien deseaba ser.

Se cruzaron miradas y sonrisas, fue un momento muy mágico, sus ojos desprendían una luz preciosa, que parecían estrellas adornando el cielo negro de aquella noche, empezó el contacto y un hermoso abrazo comenzó a calentar aquellos cuerpos de una forma muy satisfactoria, cada grada que subían, cada vez que sonreían, se sumaban más ideas, y más ganas de estar unidos.

Luego de ponerse cómodos, comenzó el momento de compartir aún más el uno avon el otro, las olas del mar comenzaban a buscar la tierra, aquella persona que le esperaba, emanaba un aura color verde, como la más hermosa montaña jamás creada por la madre tierra, el la miraba y escuchaba cada una de sus sonidos, similares a los de una hermosa tarde de verano en plena naturaleza, cada palabra, parecía el cantar de las aves más preciosas.

Cada uno contaba su vida y escuchaba la del otro, fueron extensas conversaciones, cargadas de admiración y deseos por entregarse el uno al otro, salían muchas de aquellas personas y se conmovía el alma de quien las escuchaba, se escapan pequeños besos, pequeñas caricias, y uno que otro comentario donde se evidenciaba ese amor tan grande que se tenían.

Poco a poco, el acercamiento fue tan grande, que sus auras y sus cuerpo se volvían uno, parecían un hermoso planeta de lleno de vida, comenzaban las caricias y los besos crecían en intensidad y cantidad, las caricias parecían garras, como las de un oso cazando un pequeño salmón, el cual quería devorar sin prohibición alguna, para eliminar su hambre, un hambre que salía de su alma.

Muchas risas y muchas faltas de aire, hacían que el encuentro fuera inexplicable, eran dos personas siendo felices y libres al mismo tiempo, cada uno sabía que el otro estaba ahí para satisfacerlo en todo lo que quisiera, se escuchaban sonidos muy al fondo, a pesar de estar a centímetros de sus oídos, su cerebro estaba enfocado en una sola cosa, parecía un depredador, con una visión de túnel, donde su presa era el único objetivo.

Las cosas parecían salvajes, pero a la vez eso era lo que ambos anhelaban, devorarse como nunca antes se había pensado hacerlo, los cuerpos poco a poco comenzaron a perder lo que les cubría, y caricia tras caricia, la piel comenzaba a humedecerse, la vista a nublarse, y el calor emanaba fuertemente de ambos cuerpos. Miles de besos que erizaban la piel, miles de sueños que se cumplían sin querer.

Pasaban las horas y sus cuerpo se unían más, el amor era tan grande que sobrepasaba el dolor, el cual se volvió placer, cada mordida y cada bocanada de aire, hacían que ambos se asombraran, de tan bello momento, tan bello recuerdo que se generaba, tan hermoso planeta que comenzaba a servir de refugio para miles de animales y plantas, y en especial, como un recuerdo de tan bello encuentro, que le dio vida a dos seres, que ahora se consideran uno.

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⏰ Última actualización: Apr 19, 2019 ⏰

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