— ¿Entonces todo lo que veo me pertenece? —quiso saber Daniel, observando el pequeño pueblo desde la cima de la colina. Había cierta niebla que difuminaba ligeramente la visión.
—Nos pertenece a todos en general. Podemos estar orgullosos de ello— le respondió su amiga Trucy, que se encontraba a su lado. La chica le llevaba unos dos años de diferencia, pero era de su misma estatura.
— ¿Pero si eso es así, significa que puedo comerme la comida que le dan al vecino cuando se me acabe la que me dieron?
—No. Todo nos pertenece, pero es el Estado quien administra los recursos y bienes. De esa forma garantizamos que todos podamos disfrutar.
El viento movía los cabellos de ambos, aunque se notaba más en el largo cabello ondulado y castaño de Trucy. Por parte de Daniel, su cabello plateado mucho más corto ondeaba ligeramente tapando su frente.
—Entiendo, aunque… —El muchacho desvió la mirada hacia el gris cielo, poblado de los relieves tan típicos de un día nublado, aunque no aparentaba querer llover. Tras ello, bajó la mirada hasta sus manos, que mostraban una piel blanca, mucho más que la de Trucy que ya de por si era de piel clara. — ¿Qué hay de nuestros cuerpos?
— ¿A qué te refieres?
— ¿Mi cuerpo le pertenece a todos?, ¿Si el Estado lo decide, podrían dividir mi cuerpo y repartirlo entre todos?
—No te sabría responder. En teoría sí, pero es algo que nunca ha pasado y dudo que llegue a pasar.
—Pues no lo acepto.
Trucy le miró directamente a los ojos con cierta confusión. Daniel parecía observar al vacío.
— ¿Si el estado decretase el día de mañana que tu cuerpo es un saco de sexo para el pueblo y por ende, todos tienen derecho a abusar de ti al menos una vez por semana, estarías de acuerdo?
—Pues obviamente no. Eso sería horrible.
— ¿Lo ves?, en lo que respecta a nuestro cuerpo, nadie puede abusar de nosotros, no porque el estado administre nuestros cuerpos, sino porque son propiedad única y exclusiva de cada uno. No puedo violarte por que estaría atentando contra algo que no me pertenece.
—Bueno, en tu caso, tal vez si podría dejarte—Se rio.
—En ese caso no sería violación. La diferencia entre dos personas teniendo relaciones y un abuso sexual, es el hecho de que uno es un acto voluntario mientras que otro no lo es. En realidad, eso mismo es la diferencia entre regalar y robar.
—Andas muy filosofo últimamente, ¿No Daniel? —Abrazó su delgado cuerpo y le propinó un beso en la mejilla—Por eso quiero casarme contigo algún día, siempre tienes algo sobre lo que pensar.
—Oye, ayer fui por mi ración quincenal, ¿Y tú?
— ¡Por supuesto!, je, ¿Tan rápido te tomaste tus litros de leche?
—Sabes que soy adicto a ella.
—Bien, vamos a mi casa a buscarte los míos y luego pasamos por la tuya—. Le tomó de la mano y ambos empezaron a correr. Aunque tenían catorce y dieciséis años exactamente, para algunas cosas preferían actuar como niños.
Desde hacía bastante, era normal que Trucy le diese a Daniel los litros de leche quincenales tanto de ella como de su padre, debido que ni ella ni su progenitor toleraban la lactosa. En un principio se la regalaban, pero eso cambio hacía poco, cuando Daniel cumplió los catorce años, y con ello pudo registrarse en el sistema de racionamiento, con el cual, decidió darles a cambio de la leche el arroz que le tocaba quincenalmente. Eran dos kilos de arroz a cambio de cuatro litros de leche, algo que no parecía muy equitativo, pero que tanto Trucy como su padre consideraban mejor que el solo hecho de regalarle la leche sin más.
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Especulador
Science Fiction«Hace muchos años los hombres lucharon por obtener la igualdad, y la consiguieron... Pero a un altísimo precio...» Vivimos en un mundo gobernado por una única, todopoderosa e incuestionable entidad. Sudamos y respiramos por dicha entidad, ya que ell...
