Mi mejor amigo.

282 14 4
                                        

3 de diciembre del 2019
"En el bosque de mis sueños, caminé hacia su interior, y busqué algo que no sabía ni qué ni porqué. Muy al fondo encontré algo soprendente, una mirada profunda con el color del mar y del cielo. Era un hombre que no había visto antes, un hombre que me daba paz, ternura y la valentía de decidir lo que quiero en la vida, como a él, por ejemplo.
Su cabello oscuro como la noche más triste, sus ojos como la luz de la luna, sus labios como mi guía en tiempos difíciles y su piel resplandeciente como galaxia.

Sé que es una descripción sosa y extraña, pero si analizas, encontrarás mis sentimientos.

Amé a este hombre desde que lo vi por primera vez. Desee con mis fuerzas que fuera mi amigo, aunque no me daba ni la hora.


Mi psicóloga insistía en que escribiera lo que sentía por cada uno de mis seres especiales, a mi me parecía una tontería, pues, ¿para qué tenía que hacerlo?
No lo supe al principio, pero creo que entendí al final que ella tenía que encontrar el origen de los problemas y cómo encontrar una solución.
Esceibí sobre mi mejor amigo, Asa Butterfield. Literalmente lo conocí en un bosque, cuando tenía 9 años, en un campamento de verano.
El chico siempre fue flaco y extraño, al principio un poco tímido pero con ganas de socializar. Yo tenía una extraña atracción por este tipo de personas que no dicen mucho, pero con Asa todo fue un click siempre.
Después del campamento, seguimos en contacto, y descubrimos que vivíamos muy cerca el uno del otro, así que nos empezamos a frecuentar.
Nunca sentí ningún tipo de atracción de pareja por él, si es lo que están pensando. No hasta después.
Con Asa todo siempre fue juego, incluso llegué a creer que era gay, pero después empezó a tener novias, así supe que no lo era.
Cuando cumplí 12, Asa se mudó y dejamos de tener contacto, la vida como adolescentes nos parecía un poco pesado, además teníamos nuevos amigos y fuimos a diferentes escuelas.
Pasó mucho tiempo más para que volviera a verlo.

A los 21, una semana antes de salir de vacaciones de verano, fui a la oficina del director por mis constancias por asistir a algunos talleres, pero se encontraba con alguien.

Toqué la puerta y sin esperar respuesta, abrí. Desde el interior, el director dirigió su mirada a mí y el chico con el que hablaba también volteó a verme.
Esos ojos...
Lo reconocí de inmediato, me disculpé por irrumpir y salí cerrando la puerta.
No podía creer que estaba viendo a mi amigo de la infancia. Era un hombre de cabello negro, piel pálida, pecoso y ojos azules. Había evolucionado tan bien, se veía tan guapo, en cambio yo me sentía un gremlin.

Cuando él salió de la oficina, ni siquiera volteó a verme, ignoró por completo mi existencia y no me reconoció. Era de esperarse después de tantos años...

Ocean EyesWhere stories live. Discover now