Lorenzo despertó y lo primero que sus sentidos percibieron fue el olor a tostadas y café en el aire. Abrió los ojos y buscó el celular, eran casi las doce del mediodía, no era tan tarde considerando que se había pasado casi toda la noche despierto, en una de sus ya acostumbradas tertulias con el dueño de casa.
Últimamente vivía más ahí, con Luis, que con su padre. Era loco y vertiginoso pero también era lo más excitante que le había pasado en la vida.
Con suma pereza se levantó, y así como estaba, en bóxer y remera dejó la pequeña habitación de "huespedes" que Luis tenía en su casona y fue a buscarlo a la cocina.
Lo encontró de pie, de espaldas a él, con unos papeles que se parecían mucho a un guión en una mano ( ¡este tipo nunca paraba!) frente a la mesada, sirviendo café en una taza muy grande con la otra.
Toto se quedó en el umbral por unos momentos tan solo admirando la figura del mayor. Ortega tenía una contextura física que le parecía sumamente atractiva, era delgado pero musculoso, con una cintura angosta y caderas acordes en las cuales todo pantalón que usaba parecía resbalarse un poco ( cosa que toto apreciaba) pero su espalda era ancha, bien proporcionada,al igual que su colita, que a pesar de los jeans holgados, sobresalía a veces. Y si, puede que Lorenzo le mirara el culo de vez en cuando a su mentor artístico, no lo iba a negar , ese hombre lo estaba fascinando, en más de un sentido.
Quizás Luis sintio su mirada por qué se volteó a verlo.
-buen día, Lorenzo- le dijo con una media sonrisa- ¿café?
-¡siiii! -le respondió él, arrastrándose hasta la mesa y dejándose caer como una bolsa de papas en una silla.
¿Por qué Luis no tenía resaca con todo lo que se metía?, se preguntó.
El mayor siguió sus movimiento con esa media sonrisa rara que a menudo le dedicaba, una que demostraba un poco de diversión burlona pero también cariño. Y algo más que Lorenzo no descifraba.
-¿ estás bien?- inquirio Luis con un tono suave que toto sabía escondia el "te dije que no fumes tanto y ahora te la vas a tener que bancar " detrás.
-¡mejor que nunca, "zeñor"!- le respondió "actuando" un entusiasmo exagerado.
La sonrisa de Luis se ensanchó ,no lo cago a pedos, por el contrario,dejó los papeles a un lado y le puso en frente el café y unas tostadas, la mermelada y la manteca ya estaban en la mesa, se percato entonces toto.
De verdad aveces Luis era un Ángel.
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Toto se había duchado y la carita de trasnochado se le había ido un poco. Se había puesto una remera rosa y joggins negros, con unas zapatillas con florecitas. Luis no pudo evitar sonreír al verlo. Le encantaba la peculiaridad tan bella que había en ese chico.
Se acercó a él y llevó sus manos a su pelo húmedo,que ya había crecido bastante, despeinandolo a propósito. Los rulos se formaban mejor asi, le decía (si él disfrutaba además tocandoselos eso era solo un extra sin importancia).
Los rulos eran importantes. Al igual que su ropa. Por mucho que disfrutara el estilo cuasi infantil de Lorenzo el glamour de Carlitos era algo que tenían que encontrar y afinar hasta su máximo esplandor. Por eso se le había ocurrido ir a una vieja feria americana que había en el barrio a buscar ropa "robleriana" , como diría toto, y ensallar con eso.
Resulto que el lugar era perfecto para lo que buscaban. No había nadie más que ellos cuando entraron y las vendedoras los dejaron tranquilos para que él elegiera y le hiciera probar ropa a Lorenzo por su cuenta. Quizás pensaron que él era algún familiar de toto. O su "sugar daddy". A Luis no le importaba.
Eligió algunos jeans de bota ancha, algunas remeras a rayas que eran un poco grandes pero el estilo era el correcto. Una campera de Jean que a toto le encantó y otra de cuero ( que también era muy grande,oh, sorpresa)
Toto se los probó todos, "modelando" la ropa para él como si estuviera en un desfile e improvisando movimientos de baile como los que le había enseñado su coach para él. Definitivamente el oufit estaba ayudando a canalizar su Carlitos interno, pensó, Luis,satisfecho. ¡Y que hermosa estaba resultando su creación!
Ortega lo observaba aparentando seriedad y calma, acercándose a él, dando vueltas a su alrededor, observando todo como un juez de algún certamen de moda. Pero internamente estaba bailando en satisfacción, admirando cada centímetro de belleza que ese chico exudaba, notando con sumo placer como su timidez e inseguridad desaparecian para dar lugar a su brillo más histriónico. Era una belleza,realmente.
Luis quería, como usualmente le sucedía ( él se percataba) tocarlo más. Sentir más de sus rulos, de su piel, de sus labios. Pero por supuesto no lo hacía. Él era, ante todo, un profesional de su arte. Y en ese momento Carlitos ero lo más importante.
Terminaron comprando unos pantalones ,un par de remeras y la campera de Jean por qué Lorenzo la miraba con ojitos de cachorrito triste al momento de dejarla en el perchero y Luis confirmó una vez más lo difícil que le estaba resultando no satisfacer alguno de sus caprichos. Podía ser preocupante, realmente, pero por ahora solo era una campera y la sonrisa de nene con chiche nuevo de Toto lo valía.
Volvieron a la casa para ensayar un poco más el guión y después almorzar algo. Era ya parte de su rutina, estar todo el día pegados, enfrascados en su mundo, que era también el mundo del Ángel.
Algunos de los integrantes de su familia pensaban que era raro, ese nivel de compromiso ( obsesión, murmuraban a su espalda), pero ellos sabían lo mucho que se metía él en sus proyectos y con sus musas. Siempre había sido así. Él no podía crear de otra manera.
Claro que con Toto era un poco diferente, con los demás actores era más un proceso de sugerencias y contra sugerencias, el guiaba y ellos arrancaban para su lado, a veces funcionaba, a veces no. Con Lorenzo se sentía como estar pintando en un lienzo en blanco, sobre él y con él a la vez. Estaba resultando en algo íntimo y privado, mucho más que con ningún actor o actriz antes.
Era vertiginoso pero a Luis siempre le había gustado lo vertiginoso.
Ya de vuelta en su casa vio a Lorenzo probarse la campera de Jean encima de su remera rosa. El efecto era completamente diferente que con la ropa de Carlitos pero igual de fascinante.
-¿me queda lindo, Luis?- le pregunto con una de esas sonrisas de él que mediaban increíblemente entre inocentes y provocadoras - re "badass" quedó, ¿no?
Luis lanzó una carcajada. Si, el vértigo le encantaba.
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De Musas Y Angeles...
RandomMomentos entre Luis y Lorenzo, principalmente mientras creaban a Carlitos.
