Cambiar la configuración de su alarma era algo que definitivamente debería hacer.
¿A quién se le ocurría poner formato p.m. cuando lo correcto sería dejarlo en a.m. si estudiaba por las mañanas?
A él.
Javier era desesperadamente distraído, a veces hasta él se sorprendía de lo despistado que podía ser. No se hubiera despertado si los ladridos de Nerón; un pitbull que pertenecía a la vecina que vivía cruzando la calle, no fueran demasiado fuertes. Tan rápido como sus piernas le permitieron, corrió hacia el baño para darse una ducha rápidamente. Mientras sentía como sus bolas se congelaban debido al agua helada que caía sobre su cuerpo, se reprendía por ser tan descuidado... Como todos los días.
Cepilló sus dientes y se vistió con tanta rapidez que no le preocupó en lo absoluto si se colocaba una prenda de manera incorrecta.
Revisó la hora en el reloj que yacía encima de su mesita y palideció al darse cuenta que solo tenía 17 minutos para llegar al instituto antes de que cerraran las puertas de entrada y sonara la campana anunciando el comienzo de las clases, eso significaba que debía saltarse el desayuno (una vez más) y debía salir a toda prisa de su casa. Tomando en cuenta que ahora sólo le quedaban 15 minutos para llegar al colegio, bajó rápidamente de su dormitorio llegando hasta la puerta de su casa en cuestión de segundos.
«Buenos días»
Dijo con la misma prisa que llevaba a sus padres y hermano que se encontraban ya desayunando.
Hizo oídos sordos a lo que su madre preguntaba al verlo tan apurado en ese momento y finalmente abandonó la vivienda. Sin desmayarse por la falta de un desayuno sostenido, milagrosamente, corrió como si su vida dependiera de ello.
Llegando finalmente a la institución educativa se tomó un respiro por tanto esfuerzo que había hecho para arribar hasta su destino.
Al mismo tiempo que revisaba la hora (asegurándose de no haber llegado tarde) se sorprendió al darse cuenta que aún quedaban dos minutos para la hora de entrada y las puertas de ingreso se hallaban cerradas. Sintió algo vibrar en el bolsillo de su pantalón.
Su celular.
Creyó olvidarlo en casa.
Intentó contestar pero la llamada acabó. Desbloqueó el celular y lo primero que vio fueron 7 llamadas perdidas de su padre, seguido de la hora, levantó la vista hacia el edificio, ya debía sonar la campana pero no se oyó nada y las enormes puertas seguían cerradas. Volvió su mirada de regreso al celular y sus ojos parecían salirse de su sitio al percatarse de que era sábado.
Si hubiera hecho eso desde el principio no habría tenido que levantarse con tanta prisa, ni se le hubieran congelado las pelotas al ducharse con agua fría, ni se hubiera lastimado la encías por haberse cepillado los dientes con fuerza en lugar de hacerlo con rapidez, ni se hubiera saltado el desayuno como cada mañana.
No habría tenido que correr.
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Esto no me gustó en lo absoluto.
Perdón.
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Casuale▫▪ Relatos cortos hechos con amor y vinagre ▫▪ - - - - - - - - - - - ;;💌
