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El hombre en el puente, ¿Quién era? ¿Lo conocía? Me pregunta, mirándome directamente a los ojos.
He de ser una estupida si no supiera que en frente de mí estaba su mejor amigo.
Un flash de memoria se precipita en mi mente, me descoloca.
Tuve un amigo, su nombre era Bucky.
Cuando no tenía nada, lo tenía a él, murió por mi culpa.
Al recordar la culpa que se reflejó en su rostro esa tarde en el balcón, mi corazón se derrite.
No fue tu culpa, muchos dan su vida a diario. Es deber de los que seguimos aquí asegurarnos de que no lo hayan hecho por nada. Dije sonriéndole
Daría mi vida para que volviera a corresponderme con una sonrisa, de esas sonrisas que solo a mí me acelera el corazón.
Porque ese momento cuando me dió una de ellas, supe que estaba indudablemente enamorada de él, y fue en ese momento, que también supe que todo estaba perdido antes de siquiera empezar.
Los ojos me pican, amenazan con dejar salir las lágrimas.
La cáscara de perfección que quería conservar para mi padre se fragmenta, amenaza con partir en mil pedazos.
Y es que no era solo el soldado, bueno, Bucky, alguien que tiene nombre, que tenía una vida, solo que no lo recordaba, así como no recordaba que estaba allí en contra de su voluntad.
Se que papá piensa que no me importa, lo confirmo cuando lo veo a mi lado, despreocupado. Sabe que soy como él, porque nunca le dí motivos para pensar lo contrario.
Lo viste hace una semana en otra misión. Responde finalmente, mirando al soldado con desprecio. Le diste forma al mundo por un siglo, necesitamos que lo hagas de nuevo.
Pero lo conocía. Insiste, me dedica un atisbo de sonrisa que me hace liberar las lágrimas que luché por no liberar.
Empiecen de nuevo. Borren su memoria. Ordena mi padre mirándome.
Asiento y voy a lo que me pide, en su lugar, determino lo que hace que los electroshocks fuesen tan fuertes como para debilitar el hemisferio del cerebro que reservaba los recuerdos a corto y mediano plazo, los desconecto sin ninguna culpa.
La máquina se enciende, con ésto, James sentiría un dolor más soportable pero seguro para su mente, no sé tanto de la máquina, pero tuve el suficiente conocimiento cuando empecé a trabajar aquí.
¿Qué estoy haciendo? No lo sé, quiero hacer las cosas diferentes, aunque no se si lo pueda lograr. En unas horas millones de personas habrán muerto, incluyendo al hombre que amo.
No quiero permitirlo.
Lo siento James. Le suministro una inyección, todos piensan que es la que siempre le suministro, la que está compuesta de numerosos anticuerpos y sustancias que desequilibran la mente, una fórmula que yo misma pantenté.
Ahora, simplemente le inyecto Complejo B.
Sus gritos, (los cuales yo solía poner tanta atención) no son desgarradores, miro a todos en la sala, les importa tan poco que nadie se da cuenta.
Mi padre me da el cuaderno rojo, me tocaba a mí decir las palabras. Confía lo suficiente en mí, por un momento dudo.
Recito las palabras, contra esa activación mental no pude hacer nada. Cada palabra hace que el soldado del invierno se asome cada vez más, como si James Barnes estuviese siendo desgarrado por dentro por asesino en serie más importante de HYDRA para poder salir.
Levanta su fría mirada hacia mí, a su nueva comandante y líder. Una mirada que ya no es del hombre que sintió mis disculpas hace un minuto, sino la de un exterminador, un depredador.
Soldat? Pregunto, tan temerosa como si no supiese su respuesta.