Me desperté en mi cama, como de costumbre, pero esta vez con un insoportable dolor en el costado y sin ser capaz de recordar lo que había pasado la noche anterior. Al intentar levantarme dejé escapar un corto llanto de dolor, con el cual advertí a una joven de mi edad, unos dieciséis, ojos azules y pelo rubio, aunque era más bien una mezcla entre este y castaño; también era un poco más alta que yo y su piel era blanca y perfecta, en resumen, muy por encima de mis posibilidades, aunque me era muy familiar, como si solo necesitase saber su nombre para recordar todo aquello que era incapaz.
-Si que has despertado pronto- dijo sonriendo.
-¿Quién eres, y cómo has entrado?- dije confuso.
Al parecer me habían atacado unos lobos, o eso decía ella, bueno, exactamente me hablaba de una especie de lobos evolucionados, más fuertes que los lobos normales y que los humanos, fué curioso, lo primero que se me vino a la cabeza fueron hombres lobo, que estupidez, ¿no?
No estaba seguro de si ella estaba loca o si verdaderamente habían unos lobos que iban mordiendo a la gente que encontraban. En el caso de que estuviera loca, yo tendría un problema, estaba indefenso, aquel dolor seguía presente, cada vez más débil pero presente.
Me habló de que esa manada de lobos se refugiaba en una casa abandonada en medio de un bosque, y me invitó a ir a verla cuando pudiera levantarme, bueno, más que una invitación parecía una orden, a la que respondí que sí, no recuerdo si por miedo o por curiosidad.
El bosque en el que se encontraba La Cueva, que era como ella llamaba a la casa abandonada, se encontraba lejos así que no fuimos caminando, sino en la moto de Alex, o como yo prefiero, la loca de los lobos. Nos bajamos de la moto en medio de la carretera y Alex la dejó tras unos arbustos para ocultarla un poco, acto seguido empezamos a caminar por un camino ligeramente iniciado por ramas rotas o lazos verdes en los árboles, dos cosas difíciles de encontrar sin buscarlas expresamente.
Aquel bosque parecía sacado de un cuento de hadas, los haces de luz que se colaban entre los árboles eran perfectamente visibles y las enredaderas trepaban al rededor del tronco, sustituyendo su color por el verde esmeralda de las hojas.
Caminamos durante unos minutos, a veces la miraba en silencio y pensaba en lo que estaba haciendo y en donde me estaba metiendo, en algunos momentos era ella quien se giraba y mi mirada se desviaba hacia el suelo automáticamente, evitando así cruzar las miradas, evitando provocar ese momento incómodo que todos conocemos, pero no fue suficiente. Chocaron, aquella incomodidad apenas duró un segundo, pero me pareció una eternidad, ninguno de los dos hizo o dijo decir nada, hasta que Alex me sonrió y empezó a correr por fuera del camino. Sin pensarlo dos veces, salí del camino e intenté alcanzarla, pero, a pesar de estar corriendo lo más rápido que podía no lo lograba, solo podía ver como ella se alejaba hasta perderla de vista. Me paré, no tenía ni idea de como volver al camino, grité su nombre esperando una respuesta, pero nada, estaba solo en medio de un bosque del que no sabía salir.
Estuve unos minutos buscando el camino, pero nada. Ya rendido, sentado sobre una roca mi cabeza empezó a llenarse de preguntas, ¿por qué había salido corriendo?, ¿dónde estaban mis padres?, ¿por qué fuí con ella?, ¿podría salir de aquel bosque?
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Ciudad de lobos
Hombres LoboUna mañana cualquiera Shawn se despertó con un terrible dolor que le cambiaría la vida, todo lo que él creía imposible, ahora será su nueva realidad...
